Se despertó como si fuera cualquier otra mañana. Con
esmero- afeitó su rostro alrededor de su fino bigote. Desayunó lo mismo de siempre:
café con leche, pan con manteca y un vaso con agua fría.
Es un loco sin suerte. Siente que la vida le pasa
por el costado sin poder nunca atraparla. La sensación de imperfección e insatisfacción con él mismo ha sido
una constante en su vida. Los “fuese” y “hubiese” han invadido y dominado su actividad
mental en los últimos años. Con el transcurrir del tiempo, sus certezas y
convicciones se han radicalizado. Más de una vez se sorprendió a si mismo
hablando sólo por la calle. Vivir con miedo a todo –a los imprevistos, a lo
incontrolable y a él mismo- lo ha privado de llevar una vida más "normal" y ha saboteado su bienestar mental.
Se puso a trabajar en el automóvil que lo llevaría
–junto a su familia- a descansar unos días a la costa Atlántica. Levantó el
coche con un gato hidráulico y se deslizó debajo de él para reparar el motor.
Una de las tuercas estaba más apretada de lo que debería y la palanca que tuvo
que hacer para destrabarla, desestabilizó al gato hidráulico que había
mantenido a el vehículo -hasta ese trágico momento- a medio metro del piso. El
coche lo aplastó como a un insecto indefenso.
Su esposa escuchó el estruendo y corrió hacia el
garaje. La sangre se le congeló apenas vio lo sucedido. Como pudo, sacó el
cuerpo inerte de debajo del automóvil. Los ojos -aun abiertos de él- estaban
desorbitados y daban la sensación de haberlo visto todo. Llamó a una ambulancia
y mientras esperaba que le contestaran del otro lado de la línea, fijó su
mirada en el vaso medio vacío de agua -que su ahora ex marido había dejado- sobre la mesada de la cocina. Ese día, algo intangible dentro suyo había muerto junto a él.
Todo le afecta profundamente a ella, es demasiado
sensible para esta realidad que la raspa como papel de lija en la entrepierna.
Su lado irracional siente culpa por lo ocurrido a su difunto marido. Lleva una
vida sin propósito cierto y específico -aunque existen determinadas actividades
que todavía la provocan y la mantienen viva. Su presente la frustra porque no lo termina de
aceptar. Para evadirlo, garabatea en una hoja -palabras torpes y pensamientos desordenados,
consciente del total desinterés que generan sus textos mal escritos en l@s
potenciales leyentes.