Tuesday, January 10, 2023

Intestinal

A pesar de su costumbre de reírse de aquellas personas que se refieren a sí mismas en tercera persona -como buenos egocéntricos que son- dicen los que lo conocen que es un tipo querible y hasta afable. Hubo un extenso periodo en su vida en que el reprimía a toda costa todo lo que consideraba inapropiado.

De muy joven en casa de su primer novia -además de dominar su boca ante situaciones familiares desfavorables para su amada- contenía también sus flatulencias por temor a ser escuchado. Con el paso del tiempo supo -luego de consultarlo con un gastroenterólogo -que su intestino vive irritado y era esa la causa de sentir unas ganas irrefrenables de deshacerse de gases que le generaban y aun le generan malestares en su sistema digestivo. 

Una vez diagnosticado sobre su condición intestinal- se permitió evacuar flatulencias sin tantos pruritos. Algo similar sucedió con sus pensamientos: se dio cuenta que su mesura en situaciones críticas lo hería y dañaba en su fuero íntimo. Así fue que empezó a decir cosas que la gran mayoría de su entorno no tolero ni quiso volver a escuchar. Entonces fue encontrándose cada vez más aislado y dejado a un lado pero sin tantos retorcijones ni remordimientos.

Algunos lo etiquetan de difícil, complicado e intenso. Mientras tanto, él no se victimiza e intenta focalizarse en lo esencial e indispensable. Por algo los ojos están en la cara y no en la nuca: para ir hacia adelante.



Foto gentileza de Andres Aksler.

Friday, October 28, 2022

Media pila

 

Su existencia fue un lastre sombrío, denso e impenetrable. El gran temor una vez muerto era el silencio atronador dentro de su tumba. Confió en que sus hijos lo enterraran- indicaciones mediante- junto a su radio portátil. Los deudos que transitaban los estrechos pasadizos del cementerio- oían un rumor constante, música, partidos de futbol, noticieros y no se daban cuenta de donde surgía tal audición.

Por las noches se juntaban en torno a su tumba en busca de entretenimiento una variedad de espíritus que habían muerto en una paz maquillada o cuyas vidas habían sido una llovizna lánguida e intermitente sin propósito, rumbo ni destino. Se armaba una comunión muy armoniosa entre estos espíritus hasta que un mal día la radio –cual romance de verano- dejo de funcionar.

El fracaso de su propósito volvió a ser palpable entre sus semejantes de la misma forma que lo había sido durante toda su vida. La historia- como todas ellas- termino buscando culpables de tal cambio de circunstancias.





Tuesday, August 30, 2022

Playa nudista

Era un hermoso día para estar al aire libre y el agua en la playa nudista estaba preciosa.  Deje toda mi indumentaria, billetera, llaves y teléfono sobre mi silla de playa. Estaba tan lindo que me quede un rato largo en el océano. Al salir me lleve la ingrata sorpresa de encontrar solamente mi silla. Debía encontrar la manera de llegar hasta mi casa como arribe al mundo. Hubiese querido transformarme en una figura fantasmal o espectral para pasar desapercibido. A raíz de ese pensamiento se me ocurrió canjear mi silla playera por una toalla para cubrir mi desnudez.

Comencé a recorrer la playa con ese objetivo. Una persona tras otra a la cual le planteaba mi propuesta- se negaba al trueque. Creo que percibían mi aflicción como cuando era joven e iba a bares de mala muerte en busca de encuentros furtivos con desconocidas del sexo opuesto. El interlocutor olfatea la desesperación y huye despavorido.

Ante este panorama desalentador -el último recurso al que mi imaginación pudo acceder en ese momento fue destruir la silla y con la lona y un par de cuerdas desflecadas que encontré sobre la arena- construí una versión elemental de hombre sándwich.

Dudaba profundamente si iba a poder regresar de esa forma a mi casa pero tampoco tenía otra opción.  Así que sin más inicie mi retorno. Mi preocupación por la reacción de terceros se fue transformando en sorpresa al notar que nadie me prestaba atención alguna. Me ignoraban olímpicamente. A medida que avanzaba fui tomando más confianza en mí plan. Lo que en un inicio fue sorpresa se fue transformando en decepción: la vida de uno no le interesa a nadie más que a uno mismo; cada persona va por la suya cargando su cruz, con sus propios asuntos, extraviadas en el encierro de sus mentes.

Mientras esperaba que el cerrajero abriera la puerta de mi casa, un concepto que venía rumiando tomo cuerpo y forma definitiva: lo opuesto a la virtud, a la fuerza de voluntad, a la habilidad, a la risa, al erotismo, al sacrificio y la creatividad es el desinterés, la apatía y la indiferencia.




Friday, June 24, 2022

Quise

 


Quise escapar de lo que no tiene escapatoria

Quise pulir un sentir que brota desaforado como yuyo entre las baldosas de la vereda

Quise ser amable en el sentido integral de la palabra: una persona accesible y fácil de amar

Quise hacer muchas cosas las cuales no he tenido el coraje de hacerlas

El tiempo sigue su transcurso y estoy muriendo con los ojos abiertos

Sigo sin hacer nada, tratando de auto complacerme en medio de la tibieza falsa de la

mediocridad y el conformismo







Friday, April 22, 2022

Me dice

 

El doctor que los valores de mi último análisis están dentro de lo normal para mi edad. La arquitecta confirma que la construcción va a estar terminada en fecha. El mozo comunica que mi pedido está casi listo. El vendedor de autos usados explica que la unidad que me interesa comprar está muy bien considerando los años de uso que tiene. El chofer del ómnibus se compromete a avisarme donde necesito bajarme. El político de turno declara que los últimos índices muestran que la economía y poder adquisitivo de los ciudadanos siguen al alza. La psicóloga recomienda que siga tomando la prescripción que me resetó el psiquiatra. El zapatero explica que el cuero del calzado cede con el uso. El tendero promete que el buzo no encoje con los lavados. El creyente utiliza su artillería divina para colonizarme. El feriante vocea que tiene las uvas más dulces de toda la feria. El mecánico -meneando su cabeza de lado a lado- sentencia que debo cambiar la bomba del agua. El policía asegura que está para protegerme y garantizar mi seguridad. El peluquero pide que de una buena vez me deje cortar las patillas- que me va a quedar mucho mejor. La maestra deja constancia en mi carnet que puedo y debo rendir más. El comentarista deportivo afirma que el resultado del partido es totalmente justificado.

Me cuesta creerles; en realidad no les creo una sola palabra. Las verdades a medias con sus mentiras solapadas y engañosas- han desgastado mi confianza ciega. La ingenuidad y pureza de los niños, la óptica de los “locos” y la verborragia torpe de los borrachos serían las únicas opciones de sinceridad disponibles. Por tanto, seguiré siendo un laico que vota en blanco.




Thursday, November 4, 2021

Reflections

 

The mirror reflects a variety of colors. Some are rough, brief but profound.

Yellow is passionate about stating generalizations as if he knew everything with great detail, even though he only knows a few elements.

Orange tries (whenever he can) to ridicule me. His low self-esteem tries to drag me down to his maelstrom.

Turquoise is tenuous but extremely anticipatory. She suggests – as if she were advising me- to go north. However, she is heading south. Her compass is calibrated depending on how the wind blows.

Blue avoids everything with the best collection of excuses. His lack of personality and charisma has always strung along with him.

Purple decided to bury his past including all the people that were part of it and without making any exceptions.

Red believes she’s the center of the universe and assumes that everybody spins in her orbit.

Green claims he is looking after me. He says that he has his ear on the ground. We both know that it’s a lie. Necessity is the name of his game and betrayal is part of it.

Pink doesn’t mind giving me a hand. As long as he doesn’t have to go out of his way.

The sun –slowly– arises behind my back. I shut the door between the mirror and me. Now it doesn’t blind me anymore.




Friday, October 15, 2021

Dormir

 

Esa mañana me levante temprano -como de costumbre- con mi frecuente ansiedad de que todo dura demasiado tiempo. Mientras preparaba mi café, sentía mi cabeza liviana a modo de principio de una borrachera. Esa liviandad paso a ser mareo a los pocos minutos. Tuve que agarrarme de las paredes para llegar a mi cama. Una transpiración fría me hacía tiritar descontroladamente.

Estuve dos días dormitando casi que ininterrumpidamente y sin comer bocado. Sueños vividos me llevaban por pasadizos inhóspitos y desconocidos de mi subconsciente. Logre levantarme un par de veces para ir al baño a tomar agua y lanzar un jugo gástrico amarillento y espumoso que me provoco una acidez áspera.

El tiempo pasaba lento y rápido a la vez: de a ratos sentía un vértigo aletargado que me impedía mantener la vertical y me postraba en una perpetuidad confusa, rotando posiciones en la cama que me ayudaran a conciliar un sueño que me desenterrara de esa pesadilla.

Los cuadros en la pared tomaban volumen y se me venían encima con sus colores chorreantes y repugnantes. Intentaba mantener los ojos cerrados mientras no dormía para que las cosas no giraran a mi alrededor.  Mi mente y cuerpo estaban desconectados, desacompasados –como si se tratara de voluntades opuestas.

En cierto momento el silencio fue total y el aire inodoro- cual si mi olfato y escucha hubieran desaparecido de mi paleta sensorial. Deje de buscar, recordar, creer, pensar, soñar y darme vueltas en la cama. Al fin y sin aviso, la paz conmigo mismo venció a mi mente retorcida e invadió mi cuerpo inerte.





Thursday, July 8, 2021

Fragmentos

 

Lo que en un principio fue placer- se ha transformado en una desvergonzada necesidad: mientras escribo –se desata una orgía en mi mente y esto se ha convertido en una dependencia que tal vez sea pasajera. O quizás no. Hay quienes gustan leer un texto interesante, que les deje un algo y a su vez los haga sentir participes: un libro que “valga la pena” ser leído. Acaso aguardas con cierta esperanza encontrar aquí algo atípico, con un foco y una perspectiva un tanto oblicua. No puedo ni debo comprometerme a tanto: escribo en busca de alivio, desahogo y porque no quiero seguir siendo víctima ni esclavo: para liberarme de mi realidad. Es mi terapia para combatir mi descreimiento, compulsiones, la sensación de vacío crónico, el aburrimiento, la soledad y desconfianza.

Escribo para mí mismo: para recordarme quién soy si llegara la noche en que mi memoria se destruyera en la más senil de las demencias. Además, la escritura me da una sensación de libertad un tanto engañosa porque el lenguaje es un saco de fuerza imposible de huir. Pero esto es lo que tengo y utilizo cuando el vacío y la nada golpean las puertas de mi ser buscando un significado, un propósito o tan solo una intención capaz de transformarse en una ilusión que mantenga la llama vital encendida y alumbre las tinieblas de ese destino tan sabido como inevitable.

Los renglones vacíos de la carilla parecerían ser fosforescentes a la luz del intenso rayo de sol de abril que cae de canto sobre mi cabeza, difícil de obviar y a su vez- lo más contundente e irrebatible que encuentro en este mundo. Necesito del sol para vivir: el hace crecer todo (lo bueno y lo no tanto), broncea la piel y provoca un fuego en mi alma que dejo expuesta para que todos la vean tal cual es y la juzguen sin que yo pueda ni intente evitarlo. De esta forma- dejo mi psiquis al desnudo; la comparto para mi bien y el de todos que así lo entiendan. Las personas que no esconden sus debilidades- sino que las comunican- me hacen sentir un aliado en la causa del diario vivir.

Mi realidad no me supera ni me sorprende. Describir lo que percibo es una tarea engorrosa: solo alcanzo a garabatear retazos de mi sentir, de mi inmadurez emocional y de mi verdad fragmentada. La mayoría de mis días son un disco rayado que se repite hasta el hartazgo como una historia sin principio ni fin. Ir detrás de la zanahoria me embrutece y desgasta. Más que una zanahoria, es una carnada, una trampa -como lo es toda utopía.  

En las noches que logro dormir sueño con un presente esperanzador y hasta sanador a pesar del aburrimiento y melancolía que tránsito en mis horas de vigilia. Mi primer objetivo del día es el reconocimiento de mi existencia, de mí mismo. Me despierto con la arcada a boca de jarro y corro hacia el espejo para ver si soy el mismo que se acostó a dormir la noche anterior o si es alguna capa de mi subconsciente. Otros días, me levanto torcido y siento un falso contacto dentro mío -algo que no funca del todo. El vómito finalmente me alcanza, me afirmo al inodoro y abro la boca todo lo que puedo. Por mi garganta transitan -con violencia reveladora-  mentiras que ayudan a vivir. Estoy temblando y transpirando profusamente. A veces la eternidad dura unos pocos segundos.





Tuesday, April 27, 2021

El agua en su cántaro

Busco un estado de serenidad, de calma que no equivale a resignarme o escapar de mí mismo -sino que deseo encontrar cierto equilibrio ante las desgracias inevitables que transita todo mortal. Lloro ríos de frustración que desembocan en afluentes donde no hay llave de paso que pueda contener y menos aún cerrar el flujo de sentimientos que brotan desde el subsuelo de mi conciencia. Mis venas son los canales de un sistema pluvial desbordado; mis alcantarillas no toleran más lluvias. Necesito procesar mis propias aguas cloacales: agua que viene entreverada con fango, ramas de todo tamaño y resabios que llegan hasta hoy desde el fondo de los tiempos. A su vez, padezco de una utopía incurable: anhelo con todas mis fuerzas- experimentar y sentir a pleno el cántaro inagotable, una disposición y tesitura mental sin limitaciones.

Mientras transcurre mi tormenta intestina- la veo bajarse de su bicicleta enclenque. Su asiento está envuelto en un nylon sucio para evitar que se empape con esa lluvia que tanto me afecta. Arroja unas migas de su pan flauta en el suelo y súbitamente aparece una variedad insólita de aves revoloteando alrededor de su cabeza: los gorriones comienzan a picotear pero son inmediatamente espantados por un par de palomas glotonas de cuello tornasolado que no tienen mejor suerte con los cuervos y sus chillidos ásperos de muerte. A su vez, los cuervos se dispersan cuando las gaviotas aterrizan amenazantes proclamando con su graznido reverberante – el dominio total de esas migajas que ella tiro al piso y ahora ni siquiera recuerda.




Thursday, January 28, 2021

Verle algo a las cosas


Hace rato que me vengo tomando las cuestiones del diario vivir a la tremenda: que la hoja de afeitar del peluquero me puede infectar el SIDA de algún cliente anterior o que la pipa se rompa por dentro sin darme cuenta y me termine tragando pedazos imperceptibles de vidrio. Vivo alarmado intentando evitar lo peor estadísticamente posible. La tensión que genera ese por las dudas después de tantos años de padecerla- me quita energía, entusiasmo y -en definitiva- las ganas de todo. No es conducente mantenerse en ese estado constante de sobresaltado y horripilante fatalismo.

Es harto difícil verse desde afuera y comprender cuan atornillados y enfrascados están nuestros procederes y comportamientos. Cuando encuentre el lugar preciso del pie donde el zapato me aprieta y lo acepte- calculo que mi existencia se tornara un poco más tolerable: una especie de vivir en play sin caer en la necesidad de pulsar el fast forward.

Me voy acompasando a una quietud que por momentos me es irrespirable, dictada por algún sabiondo, travieso de laboratorio que anda experimentando con vidas ajenas. El aislamiento es profundo y denso como una cuenca que se interna tierra adentro por los túneles del tiempo. ¿Estaré olvidándome de la existencia de otras personas? Estoy abocado a mi rescate emocional intentando evitar que una piedra rodante- por mas diminuta que sea- termine estallándose sin anuncio en mi parabrisas anímico.

Escucho sensaciones, pensamientos que no sé de donde vienen ni su por qué. Una imagen, una sola, vale más que un concepto, pre-concepto o duda hacia lo diferente de lo que estoy acostumbrado. Busco verle un algo a las cosas, un algo disfrutable que me permita entrar en un trance que me despegue de lo temporal, y perder así los parámetros circunstanciales para focalizarme en lo sustancial, en lo que queda de pasional en mí.

Trato de existir cómodo con lo mínimo que me es indispensable; simplifico sin perder mi esencia. O me miro al espejo concentrado y me hablo firme, o me pongo a escribir y que sea lo que tú y tus creencias quieran. Además, lo anoto para no olvidarlo -más allá de estilos, formas y gustos. Escribir es tomar una fotografía instantánea de mí mismo.

Lo que más quiero es conocer, intimar con lo que considero bello -que no significa necesariamente equilibrado. Apago la luz y a través de mi ventana- las estrellas con todos sus satélites y planetas son un uno indivisible y sincronizado a fuerza de gravedad o de la falta de ella.

Hace tiempo que se me perdió el esfuerzo. Sin él no sé si alguna vez podre elevarme, iluminarme y ver el camino que me lleve a mi destino. Proyectarme y soñar -aun cuando mis ojos permanecen abiertos- es mi única esperanza de mantenerme a flote.







Thursday, December 3, 2020

Disquisiciones amnésicas

Me anestesio para aclarar mi mente y no sentir el dolor que me causa el paso del tiempo en vano. Hay algo que no estoy seguro que es, algo que estoy desperdiciando y eso me angustia de forma indefinida pero cierta. Me hallo en las antípodas de una carrera contrarreloj; una quietud sofocante deshidrata mis bríos. Desde hace tiempo que mi tanque de nafta* marca la reserva: pongo punto muerto y dejo llevarme por la bajadita estacional que me recibe con su oprobiosa oscuridad y frialdad característica.

Intento encontrar un detalle que interrumpa la invariable reiteración de hechos idénticos y esa continuidad- me produce una monotonía hipnotizadora. Busco el calor interno que me devuelva a la llanura, a la simpleza de lo ordinario como quien espera al pie de un árbol a que caiga su fruto prohibido.

Afuera diluvia hace días; las horas de claridad se escurren a la velocidad de la luz. El frio y la lluvia cala mis huesos. No escribo para entretenerte -no es esa mi intención- sino que para externalizar lo que me tiene trancado. Lo mismo me da si es poco y de mala factura, si contiene una frase jugosa o un paralelismo fascinante lleno de mensajes entrelineas.

Cuento con un tiempo incuantificable, inconexo, subjetivo, teñido de manipulaciones del inconsciente que se asoma y me asombra con sus manifestaciones. Estoy escuchando músicas que hace mucho no oía y releyendo aquellos libros que me piden que los abra y los mime.

El eje del mundo no se mueve ni un micromilímetro con mi ínfima presencia o ausencia. Son tiempos de conversaciones con uno mismo. Mientras camino por la vereda tratando de no pisar las líneas que separan las baldosas, mis grandilocuentes pensamientos y disquisiciones llegan a hilar tan fino como para creer que por fin he llegado a la certeza más absoluta e irreductible sobre qué es lo que le da sentido a mi vida: el deseo.


*manera en que denominan al combustible los y las rioplatenses.




Monday, October 26, 2020

Inconexo

 

No recuerdo, no estoy seguro desde cuando siento esta acidez, el dolor de mandíbula y mi hombro derecho casi inmóvil. Supuestamente lo sé- pero no logro identificar en que preciso momento- mi memoria se desfasó de la realidad.

Cargo con el peso de la dualidad entre teoría y práctica en toda su extensión. No sé si tendría que permanecer del lado teórico y alejarme de las inconveniencias que impregnan a la práctica- o si sería mejor dejarme llevar por los hechos y abandonar la teoría como si fuera un manual de instrucciones de un artefacto vetusto.

Cuelgo una camiseta blanca en la baranda para que seque al sol. Sentado a unos metros, noto que el viento la hará caer al piso embarrado. Una parte de mi- desesperada y ansiosa- quiere evitarlo, aunque también intuyo -sin comprenderlo del todo- que no voy a poder estar siempre para salvarla de su inminente caída. Debería permitir que las cosas sucedan sin interferir en situaciones y cuestiones que tienen su proceso de nacimiento, crecimiento, maduración y epilogo.

Hoy, ayer y mañana son el día después. La noche, la tormenta y su fría oscuridad- quedaron enterradas en las sabanas transpiradas de arrepentimientos y deseos.



Dibujo de mi hija



Thursday, October 15, 2020

Encierro (prisión mental)

 

Dormir ha sido su forma de evadirse de la realidad desde que tiene memoria. Sin embargo, ese día se despertó con aliento a desilusión en su boca. Tuvo una pesadilla que le dejo una llaga profunda en su alma: el fulano más popular de su generación- le robo su propio sueño imponiéndole un plan sin consultárselo. A partir de aquella noche, percibe el egoísmo ajeno como una provocación que pone en peligro su libre accionar. Su dialogo interno se volvió complicado, intenso, constante, difícil. Decidió encerrarse, esconderse y así entonces- cambiar el rumbo de su vida con el propósito de sentirse momentáneamente a salvo.

Ahora necesita resetearse, renacer, lograr redefinir su óptica y perspectiva- que a través del paso del tiempo se ha fijado como sopa quemada en el fondo de la olla. No sé si le alcanzara con una esponja de aluminio o si tendrá que comprar una olla nueva, una vida nueva- aunque no crea en la re-encarnación.

No pone todos los huevos en la misma canasta- pero no hay diversificación alguna que tolere una tragedia. Cuando llueve- moja a todos por igual. La fe -esa nebulosa indefinida e imprecisa de un optimismo irracional- parecería ser lo único infalible; el resto del universo está expuesto a la fatalidad y al descalabro. No hay terremoto, incendio, inundación, adversidad ni catástrofe que pueda derrotar a la fe y a la esperanza.

Quisiera ilusionarse con que las cosas mejoraran -pero el esceptismo creció en él como enredadera que no se sabe bien donde comienza ni termina. Debería pensar en todos aquellos que están peor que él. Lástima que la percepción y el pensamiento rara vez vayan de la mano.

La incertidumbre lo incomoda y sabe que alcanzar la verdad es imposible. Él es su único enemigo y lucha contra sí mismo. Sus continuos fracasos lo impulsan a aprender cosas nuevas que lo hacen sentir un poco menos errado cada día. Es simple pero no es fácil.

Forma parte del tumulto de despedazados que deambulan por la vida sin propósitos, metas u objetivos. Es un melancólico que no sabe inventarse una creencia, un flotador que lo mantenga con la cabeza fuera del agua esperando a que llegue la embarcación auxiliadora. Descreído, atento al zarpazo del destino- ha destapado un túnel sin fondo que apesta y su eco sonoro lo traslada a un lugar que nunca imagino ni soñara.





Thursday, September 17, 2020

Anoto


La ansiedad generalizada me retuerce los intestinos y la artritis ahonda mi melancolía. Somatizo mis carencias mientras escribo sobre el cemento frio, de aspecto invernal, metálico, parco, sin gusto e inoloro. No estoy haciendo una demostración de un producto que funciona con solo enchufarlo. Intento que los voltios corran e inunden el cable de la confianza, a través del cual podría volver a ilusionarme de que es posible, aunque la zanahoria con su vaivén hipnótico -no pueda esconder del todo la trampa inherente de la realidad.  

Noto y anoto lo que escucho de rebote: los pájaros mecánicos cumplen su trayecto con una constancia de reloj; las gaviotas vuelan sobre mi cabeza con su trinar marítimo; otras aves avisan con su canto que el día se va terminando; vuelan hacia sus nidos buscando resguardo, calor y refugio.

Se abre un paréntesis con forma de cueva donde aparecen pretéritos indefinidos e indecisos; hoy hay programa completo: mantengo la mayor cantidad de vicios posibles- sin llegar al extremo de que me lastimen. La moderación es como cuando se tiene la guinda de cuero dominada debajo de los tapones.

Cierro una puerta y queda trancada automáticamente. Finaliza una etapa y no hay vuelta atrás posible. Estoy en un cuarto cuya forma- valga la contradicción- es amorfa: no es rectangular, tampoco cuadrada ni siquiera un trapecio. Hay demasiado poco para hacer aquí- lo cual me resulta ser un poco demasiado. El nudo de la angustia que sujeta a mi garganta se suelta; los esfínteres ceden al fin- permitiendo que las inmundicias corporales fluyan y pueblen el ambiente de un pudor inútil e inevitable.

Soy feliz y lo ignoraba -aunque la felicidad siempre me ha resultado un concepto esquivo de entender. Deduzco que tienen más chances de ser felices los que menos necesitan del mundo exterior- tanto sea material como emocional -y quienes comprenden que lo simple es tan imprescindible como indispensable.




Tuesday, August 25, 2020

Trembling


For those who live exclusively in their own heads



I see words that other eyes don’t notice

I hear rhymes that another ears don't listen to

I smell stanzas that no one else detects

I taste phrases that nobody savors

I perceive meanings that are impalpable to those around me.



In a poorly ventilated room without windows nor mirrors

they medicate me to eliminate my thoughts, reflections,

memories and particularities that differentiate me;

a straitjacket with its straps and buckles

immobilizes me and makes my breathing difficult.








Tuesday, July 28, 2020

Solo supo hacer el bien


Hay individuos que no llegamos a conocer, pero uno aprende a quererlos a través de relatos de terceros. Más aun, cuando uno tiene el honor de llevar su nombre por la vida. Hoy escribo para homenajear a mi abuelo, quien respiro por última vez hace más de medio siglo.

De todas las cosas que he oído hablar sobre él, me interesan más las que no me fueron contadas, las que he constatado con mis propios ojos. Quizás por eso son de mi interés: porque son dilucidaciones que pude construir e imaginar sin la ayuda de relatos familiares.

Lo primero que salta a mi vista -son sus rasgos faciales y la tonalidad de su piel. Viendo fotos de él, advierto que su procedencia y su aspecto iban en direcciones divergentes. Intuyo que hay muchas cosas que no se de él ni de su historia genealógica.

Otra cuestión que capta mi atención es cuando uno va a visitarlo al cementerio: es tradición, dejar piedritas sobre las lapidas de las personas queridas como señal de que aún son recordadas. Recorriendo ese sendero creado por los mortales -para tal vez sugerir o rememorar la inmortalidad del alma - siempre me sorprende la montaña de piedritas depositadas sobre su tumba. A pesar de haber desaparecido físicamente hace muchas décadas, todavía hay gente que lo recuerda y añora. Si uno mira alrededor, las otras lapidas -tristemente- casi no tienen piedra alguna sobre ellas.

Sus parientes vamos al cementerio una vez, quizás dos veces al año (dependiendo como se presente la zafra mortuoria). Teniendo en cuenta la asiduidad con que su familia concurre al cementerio, es asombroso que siempre haya tantas piedritas depositadas sobre su tumba. Hace varios carnavales que sus contemporáneos dejaron este mundo. Entonces, ¿quién o quiénes serán los que se empecinan- año tras año- dejar constancia, como reza sobre su lapida, que el hombre enterrado debajo de ella solo supo hacer el bien?




Friday, July 24, 2020

ɐʇlǝnʌ opɐp

Jalvín va al fondo, por suerte hoy no llueve; aprovecha la intemperie de su pequeño jardín, observa las plantas bailando al son de la brisa, disfruta del cantar de los pájaros antes que sus vecinos den señales de vida, sinónimo de alboroto y ruidos molestos. Retomo la lectura, releo lo que ya había olvidado. Jalvín vuelve a perder su tiempo regando un pasto imaginario, tarea obstinada que desarrolla con una naturalidad y perseverancia propia de su herencia milenaria.

Salgo a caminar por el barrio. Entro al almacén y le pregunto a la persona detrás del mostrador: ¿qué sentido tienen las cosas? ¿Cuándo será el momento de ser felices- aunque sea tan solo un espejismo? ¿Vos sabes que es lo que estamos esperando? Ella me mira con ojos chúcaros y taimados; no es lo que esperaba un martes de tarde, aunque tampoco descarta de plano mi planteamiento existencial; entiende de donde viene mi cuestionamiento, su pureza, su lado utópico, noble e iluso. Habría sido más simple para ella si le hubiese pedido una peluca fucsia o un frasco de comida para murciélagos. Pero no, hoy no pudo ser; quizás mañana. Si, mañana será otro día, otra sensibilidad y necesidades.

Cuento con una brújula interna que me ayuda a dirigirme hacia el destino anhelado. Esa guía suele ser oportuna, racional y me mantiene fuera de líos; pero si la aguja se dañara por acumulación de desilusiones, mentiras, sinsabores y frustraciones- correría el riesgo de perderme en un camino plagado de buenas intenciones. Si a eso sumo una genética, condición y ambiente propicios- podría llegar a despertarse una voz interna, intrusiva, que nunca calla en la desbalanceada química de mi cerebro. Es una voz que magnetiza y arrastra a quien la escucha –entre otras cosas- a percibir pensamientos como si fuesen hechos concretos.

En mi mente se proyectan películas incoherentes, repetitivas, improbables y perturbadoras al borde de la obsesión- una y otra vez. Mientras tanto, algo queda flotando en mi subconsciente, aunque no pueda percatarme del todo de que se trata. Un algo que veo y asimilo: una impresión del momento. A partir de ese algo, construyo una estructura de donde agarrarme, un paraíso, un lugar lejano, perfecto, inalcanzable y lleno de idealizaciones.

La hora adulta del día -con su sol de durazno maduro cayendo del árbol- se despliega frente a mis ojos en cámara lenta. Un atardecer de verano suburbano, donde el aire sopla diferente que entre los altos edificios del centro. El aroma de los frutos y los vegetales emanan su sano atrevimiento. Se acerca la hora de cenar, ducharse y volver al sueño. Mañana será otro día, idéntico al previo.

La redundancia -monótona y periódica como el tictac del segundero- se me hace exagerada, la sufro cual si fuera un castigo, como si se tratara de una lección que todavía no he aprendido y en este momento debo enfrentar si o si- para de una vez por todas superarla y estar listo para la próxima condena o desafío que me prepare hacia el destino inevitable: la nada misma, el olvido eterno, tal si nunca hubiese existido mi impronta sobre la faz de la Tierra.





Monday, July 6, 2020

Ganas de nada


Hoy ando con suerte: me dejaron entrar más temprano que de costumbre a mi guarida, a mi resguardo. Las ventanas abiertas dejan expuestas múltiples hojas que visten a los árboles en pleno verano. Mi mirada queda suspendida en algún lugar y los recuerdos emanan sin timidez. Las imágenes son mi presente. Huelo algo conocido que me devuelve al lugar exacto donde estoy.

Tengo que enfocar diferente: no solo ver todo lo que falta, sino también disfrutar de la abundancia. Emociones y pragmatismos- antagónicos como lo son el talento y la mediocridad- conviven en mí. ¿Soy capaz de extraerme de lleno, sin refugios, completa y absolutamente? El entusiasmo debo encontrarlo debajo de cada baldosa, pese y a pesar de otros.

Está bien que no me destruya, pero tampoco quiero vivir con el susto a boca de jarro. Ni padecer miedos crónicos- ni ser un héroe intergaláctico, fuente de inspiración caricaturesca de tiempos a otro paso, sin poderes remotos ni procedimientos mecanizados y perfeccionados hasta en el más mínimo detalle.

La ilusión es fundamental en toda creación; es un nuevo despertar. Lleno mi alma con ella, por las dudas de que exista; el espíritu también. Las influencias de los maestros del buen gusto y la indiferencia de varios comparten pieza en mi altillo. Buceo en mi rio emocional intentando hallar - en sus aguas marrones y turbias - motivos, sentidos, tesoros perdidos y olvidados en el fondo del tiempo.

Debo ir a dormir ahora; mañana tengo que salir temprano al mundo de aquellos que desconozco, que no prefiero y cuyas apariencias son opuestas a mi realidad. Trabajar es una necesidad o quizás un error. Un descuido llena de hongos verduzcos el interior de mi congelador desenchufado. Absorbo mi respiración, profunda, completa; una inspiración del momento focaliza mi atención más allá de mi apatía y desgano perenne; la lluvia con su melodía monótona, cae de bruces sobre las chapas.



Thursday, March 19, 2020

La primera curda


El verano en todo su esplendor favorecía con su clima al Macuca que con su novia y amigos en común- acampaban a orillas del Rio de la Plata. Los estrictos padres de su joven novia le prohibieron terminantemente a ella- seguir viaje rumbo a las playas oceánicas del este uruguayo después de terminados aquellos cinco días de campamento pactados de antemano. Esa prohibición tenia a maltraer a ambos que no atinaban a disfrutar plenamente de esos cinco días de campamento estival.

El penúltimo día, las muchachas decidieron ir a Piriapolis a pasear. Ese día, Macuca reventaba de calor y se lanzó hasta el único almacén que había en la vuelta a comprarse un helado. El Monona no dudo en acompañarlo en esa caminata de cuarenta y cinco minutos. Llegaron con la lengua para afuera, el sol les daba de canto; las chicharras se desgañitaban desde los pinos acusando el calor imperante.

Para sorpresa y decepción de ambos, la heladera del almacén estaba rota, así que no había helados, refrescos fríos, ni hielo; todo estaba a temperatura ambiente. El Monona resolvió que lo más rescatable de lo poco que había a la venta- era un vino suelto blanco. Se sentaron a la sombra a tomar. La temperatura reinante y la dulzura de aquel “néctar” contribuyeron a que ese brebaje no durara más de un rato. Volvieron a entrar al almacén a comprar otro litro de vino blanco. Solo del tinto quedaba en la damajuana- anunció el somnoliento dueño con afable hostilidad. Embudo mediante, la botella de plástico quedo pintada de un violeta incierto.

Ya con el garguero caliente, el tinto lija -que no era dulce como su antecesor- fue paladeado sorbo tras sorbo. El Monona, un par de años más grande que el Macuca, sabía de sobra lo que era el alcohol y sus consecuencias. El Macuca estaba tan verde en asuntos etílicos como el color de las hojas de los árboles que intentaban protegerlos del sol abrasador en su retorno al campamento.

El Macuca disfrutaba de una liviandad inédita, sentía una alegría ajena y anestesiadora. El Monona caminaba a su lado, muerto de risa y guiaba a su amigo para que no terminara de cara contra el piso. La vuelta fue mucho más larga y lenta que la ida. Ni bien llegaron – notaron que las jóvenes ya habían regresado del paseo. En eso, un inesperado fuego volcánico trepo desde el estómago del Macuca pasando expreso por su tráquea e hizo erupción a la vista de absolutamente todos los acampantes. La virulencia de aquel estallido, impacto a su novia como nunca antes: ella jamás lo había visto así. Ayudaron al Macuca a acostarse boca arriba sobre el suelo con un tronco debajo de su nuca. Desde esa posición dormitaba y cada pocos minutos desafiaba de manera imprevista a la ley de la gravedad: era una fuente que lanzaba chorros de líquido rojizo hacia el cielo, increpándole clemencia al etanol todopoderoso para que aquel martirio terminara.

Entre vómito y vómito- ensayaba mentalmente diferentes tipos de disculpas para con su novia. Al anochecer, ella, incrédula, fue a increparle de que cómo había terminado de aquella manera, que no podía dejarlo un minuto solo, que la vergüenza que le estaba haciendo pasar, que por que le hacía esto a ella que lo quería tanto. El la escuchaba mientras soportaba la impotencia de no poder controlar que todo a su alrededor girara sin parar. Ella sentada a su costado esperaba una respuesta, un algo. El Macuca, desde lo más hondo de su padecimiento, le contesto con voz distante- como si lo hubiese dicho otra persona: es todo por tu culpa.



Monday, March 16, 2020

J'eus été a rockstar


He tenido la suerte, motivación y perseverancia de integrar varias bandas durante gran parte de mi vida. Algunas de ellas – a mi modo de ver y escuchar – eran más que aceptables. Casi siempre he sido uno de los miembros fundadores y no creo que fuese una casualidad aislada: probablemente se debe a mi cuasi incapacidad de adaptación a un proyecto que no lo haya parido.

El grupo con el cual tuve más recorrido- duro casi nueve años: editamos dos discos, tocamos en vivo infinidad de veces, ensayábamos religiosamente y hasta incluso nos dimos el “lujo” de hacer una mini gira.

Con el paso del tiempo, los ensayos tomaron un carácter ritual y terapéutico: se convirtieron en un pasadizo que me permitía entrar en contacto intermitente con lo inmaterial, lo incuantificable, eso que no se puede tomar con las manos ni determinar su aroma. Las cuestiones circunstanciales y miserias humanas se esfumaban mientras ensayábamos: los domingos a las cuatro de la tarde era la cita ansiada con la frontera dimensional donde tiempo y espacio se fundían para que lo realmente importante le quitara protagonismo a las urgencias. 

Ensayar, tocar en vivo y grabar cuando teníamos el dinero suficiente –eran los puntales del enlace pentatónico que unía a los integrantes de la banda.

Mi bajada de ficha ocurrió en aquella “gloriosa” mini gira que nos llevó -junto a una banda amiga - a cinco parajes diferentes. Me costó -más de lo anticipado- alejarme de los míos durante algunos días, que no fueron muchos, pero los percibí como tal. En ese periplo, me di cuenta que las vidas de los integrantes de aquel clan sonoro eran muy diferentes fuera del matrimonio musical. Nuestra afinidad estaba basada -casi exclusivamente- en nuestro proyecto en común.

En la ruta -camino a nuestra próxima presentación de aquella mini gira- sentimos unos bocinazos persistentes: venían desde la camioneta de nuestra banda amiga que nos pasaba por la izquierda. A través de sus ventanas delantera y trasera - que estaban abiertas y apuntaban hacia nuestro vehículo – asomaban un par de culos desnudos acompañados de sonoras carcajadas. Ni bien nos pasaron, policía caminera los paro e invitaron a estacionarse a un costado de la carretera.

Esa noche, llegaron al boliche bastante más tarde que nosotros y nos contaron que los multaron. Lo que nunca llegue a saber es si la multa fue por exceso de velocidad o por tener culos demasiado peludos.




Wednesday, January 29, 2020

No quiero más

No quiero volver a escribir; temo que el hereje que vive dentro mío -ese que no cree en religiones ni en políticos- me venga a complicar la existencia con sus pensamientos y deducciones salidas de un sentido común tan subjetivo y caprichoso como lo es mi propia percepción del mundo. Pensar que venía tan tranquilo en estos últimos meses…. ¿qué necesidad de complicarme la vida habita en mi para salir al rodeo y exponerme de esta manera tan absurda y sin sentido práctico alguno? Es probable que existan varias razones. También es posible que no haya razón alguna y que este impulso sea una de las tantas sinrazones que conviven en mí. Indudablemente, siguen vigentes en mí una serie de efectos domino de un pasado que no me suelta. Ojalá pudiese escribir en prosa o novelar una historia llena de imágenes que generaran un estallido de orgasmos mentales en la cabeza del lector.

Veo cosas que rompen mis ojos, sin embargo me obligo a mirar hacia otro lado, a barrer la mugre debajo de la alfombra y hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada. Sin quererlo, me convierto en cómplice de algo que no me gusta ni estoy de acuerdo. Me había ilusionado con que era posible cambiar. Hasta ahora sigo enredado en las mismas inmundicias del diario vivir. Maldita sea mi condición humana. Soy una reverenda mierda.

Los ilustres del comportamiento viven en un mundo de víctimas y victimarios e intentan etiquetarme: me tildan de negativo mientras patinan sobre la pista de hadas de sus imaginaciones. Otros me llaman egoísta. ¿Será que ven en mi, descontento e ingratitud? Hay quienes confunden términos y conceptos: egoísmo con saber decir que no, amarretismo con sobriedad, negativismo con ser incisivo. Mi tátara abuela decía que hay mucha gente que es mala y habla. Otros escriben, dibujan, cocinan y componen utopías fermentadas en infantilidades inverosímiles. Aquellos intolerantes de las convicciones y realidades ajenas, me notan tan desentonado y desorientado que intuyen que ni siquiera me doy cuenta en donde estoy parado. Y acá estoy, paralizado como una estatua vetusta, oxidada, bañada en mierda de pájaros - escribiendo para un ego maltrecho en un mar de verdades vagas y difusas, verdades a medias, mentirosas, verdades solapadas, encubiertas, verdades prohibidas, censuradas, escondidas e inconvenientes- y vientos cíclicos que se repiten indefinidamente.




Tuesday, October 8, 2019

La estaca


Desperté después de cuarenta y cuatro años con una estaca clavada en el medio del pecho. Recién ahora comienzo a sentir un dolor que había estado bloqueado hasta hoy en mí. Bien…y ahora que soy consciente de su presencia: ¿qué hago? ¿Debería intentar convivir con ella o tendría que desclavármela de una buena vez y para siempre? Si me decido a convivir con ella, el primer paso a dar es aceptarla como es. De lo contrario, tendría que desclavarla de manera tal- que no quede astilla alguna dentro mío. Más de un@ se hace la astilla observando historias ajenas, que no le pertenecen ni incumben. Lo mejor será que duerma una buena siesta antes de tomar una decisión de esta naturaleza.

Sé que los extremos no son los mejores consejeros. Debería matizar la situación; compartir vida, alegrías y de las otras (las que no avisan que ya están). No quisiera perderme lo que sucede en el mundo con sus maravillosos ciclos concéntricos de rotación y traslación sobre un eje que solo unos pocos pueden ver. Una imagen o tan solo la búsqueda de lo que no es aparente, esas cosas que solo aparecen cuando limpiamos a fondo con la ropa de fajina puesta. Intento – cual si fuera arte de magia- mirar las cosas de siempre desde otro foco, evitar mi mirada escéptica que fija toda su atención en algo particular y minimiza todo su entorno.

Sigo sin saber cuál es la opción correcta. Nada me es fácil. La paranoia me estorba y me corrompe desde el pozo profundo e infinito del miedo y la irracionalidad. Deseo encontrar palabras, conceptos e ideas que me alivien a sobrellevar mi tormento. Quiero ser breve pero no puedo. Me explayo en un sinfín de detalles que solo tienen significado real y cabal para mí. Ustedes intentan comprenderme –pese a que lo que están leyendo es un extracto de mi pensamiento -que al ser texto-  está fuera del contexto en que se originó.

Me siento invisible a los ojos del resto. Paso inadvertido, desvalorizado de una habilidad que no he llegado a dominar ni a tener. Irremediablemente, la indiferencia se vuelve hacia mí -una vez más- para clavarme su estaca llena de vacío y decepción. Una estaca que nunca había terminado de desclavarse del todo.



Wednesday, July 10, 2019

Paul McCartney




Me encontré con Paul McCartney. Como se imaginarán, fue de lo más inesperado. Estábamos en un lugar que me resultaba sumamente familiar, muy pero muy cerca de donde vivo.

Entablamos una conversación más que cordial a los pocos instantes de habernos conocido. Le manifesté -como era de esperar- mi admiración hacia su música. Claro, no le dije que en realidad me gusta e identifico mucho más con la música de Lennon que la de él.

A cierta altura de la breve pero intensa conversación que mantuvimos, hubiese querido contarle que de niño, yo pensaba que había sido adoptado y que mi verdadero padre era John Travolta. Pude recapacitar a tiempo y dejé que ese pensamiento de mi etapa infantil - fuera atrapado por ese filtro mental que no siempre me funciona o no me funciona del todo bien.

Le que sí le dije es que tengo cantidad de sus discos en mi casa y que me gustaría que me los autografiara. Le expliqué que vivía muy pero muy cerca. El asintió y dijo que me esperaría.

En el corto camino hacia mi casa- me enredé con pormenores, situaciones molestas e insignificancias varias que me fueron embarullando y alejando de lo verdaderamente importante, de mi plan, de mi cometido.

Pasó un tiempo que me es imposible de cuantificar hasta que volví al lugar del encuentro. Como era de esperar, Sir Paul McCartney se había marchado.

Sin rumbo, sin ansiedad ni pensamientos específicos- comencé a caminar hacia la densa oscuridad que me esperaba impertérrita.