Tuesday, October 31, 2023

Déjà vu

 

Hace un tiempo inexacto soy consciente que todo terminara: la vulnerabilidad de mi existencia -abrupta y llena de buenas intenciones- la precariedad de mis deseos, mis miedos infundados y mis más ilusos sueños. Mientras le saco punta al lápiz- me voy diluyendo en un duermevela que no logra hacerme descansar ni estar despierto del todo. Me embarco en un viaje disipado y austero a la vez. Siempre es posible tener una razón para perseguirse y mortificarse a uno mismo. Está en la química del cerebro poder alejarse –o no– de pensamientos que a larga no cuentan y terminan siendo insignificantes. Adhiero a la escuela que entiende la vida desde la pragmática y el movimiento.

Nubes crepusculares con sus colores y formas únicas aparecen en un cielo ondulado de un viento que hace y deshace a voluntad. Las puertas de la percepción se abren de par en par, de forma casi que inconcebible. Con una lentitud agusanada- comienzo a separar la paja del trigo: escatimo, mido, sopeso posibilidades y vericuetos. De repente algo intangible, insustancial, inocuo por donde se lo aprecie -se limpia y todo aparece nítido: acabo de cruzar un puente virgen, un límite desconocido hacia un abismo de pasión, intensidad y cierta seducción. Mi pudor -a pesar de todo- sigue siendo demasiado elevado. Llego a estados anestesiantes tales que dejo de ser yo para ser aquel que pienso ser. Cuando empiezo a aceptar las cuestiones- estas toman otro relieve y consistencia.

Desciendo de un pueblo “elegido” para ser mirado de reojo y con desconfianza por algunos capciosos, una colectividad vilipendiada por ciertos resentidos, una etnia cuestionada, calumniada de parasitaria, avariciosa, usurera, explotadora, y un sinfín de calificativos peyorativos; una comunidad acosada y hostigada con persistencia en el transcurso del tiempo y civilizaciones. Lo padezco desde mi origen- sin haber tenido opción a elegir- como quien nace con una complicación congénita. Las guerras insuperables atraen y renuevan viejos odios que jamás pasaran de moda- y me recuerdan que este es un mundo atroz y sin sentido. Con ellas salen a relucir las bajezas más inmundas de aquellos que no saben vivir ni dejan vivir. Es muy difícil saber cómo cortar y más aún por lo sano. Los muertos no tienen enemigos.




Thursday, August 17, 2023

Desasosiego

 

A los seres vencidos

 

Me adentro al tierno y tibio olvido sin darme cuenta, con mi percepción centrada en mi rutina. Giro mi cabeza hacia atrás y todo se ve borroso, como si no tuviera los lentes puestos. El balastro cubre mis zapatos- agujereado uno de ellos- de una polvareda gruesa, densa, amarronada y fangosa. En ningún momento siento temor: solo experimento una desazón y un vacío implacable, contundente aunque indescifrable. No importa lo que haga o diga, donde vaya, lo que coma ni con quien este: siento dentro mío un inevitable y constante desasosiego. Mi desencanto conmigo mismo y lo que me rodea es casi permanente y hasta patético. Lo padezco como un síndrome que se ha incrustado en mi organismo y en mi psiquis sin explicación aparente o entendible. La tristeza me acompaña a sol y sombra, me hace marcación personal -hombre a hombre- como si apreciara mi compañía en demasiá, tal si fuera un amor eterno.

Paro de golpe en algo que parece ser un espejismo: una inmunda barbería que aloja en su interior una mesa de casin de paño gastado y un par de máquinas estruendosas a las que le faltan varias luces. En eso, se me acerca una figura casi que espectral de sexo indefinido y me pregunta la hora. Desde mis catorce años de edad dejé de usar reloj pulsera- le respondo. Su reacción es un súbito movimiento de hombros hacia arriba y abajo.

Sigo mi camino paladeando entre los pliegues de mi razonamiento el caldo de disidencia que he ido cultivando con el correr de los años. Ser parte de la mayoría no significa poseer ninguna prueba o fundamento con aire de verdad revelada.

No hay nada, ni antes o después del trayecto vital, solo supervivencia de la especie para maximizar su estadía en este planeta. Todos los conceptos conocidos son creaciones humanas de dudosa veracidad y eficacia. Y sin embargo, acá estoy intentado destrancar lo que nunca se ha trancado. Y si alguna vez estuvo cerca de trancarse- eso sucedió en mi mente, en mi percepción de lo que me circunda, la cual posiblemente no coincide con la realidad de ningún otro semejante perteneciente a la especie de la cual soy parte.

Espero con ansiedad, casi como una turbación- algo que tal vez exista solo en mi cabeza. Posiblemente se trate tan solo de una alucinación- de algo que no sucederá y por tanto la espera se convierte – a la vez- en inútil en sí misma pero también en un propósito y una razón para seguir viviendo con expectativa. Una expectativa engendrada en mi imaginación y cimentada en la irrealidad más noble que surge de mi estropeada inteligencia.

A lo lejos escucho una trompeta asordinada cuya melodía me lleva a una ciudad desconocida de hace un siglo atrás, en plena efervescencia del viejo Jazz y la bolsa de valores. Comienzo a experimentar cierto alivio; algo dejo de hacer presión – como si la fuerza de gravedad hubiese mutado sus condiciones. Me focalizo en algo más allá del pragma, del momento preciso del ahora, de mis palabras vacías de significado y valor. Mis sentimientos difusos -y a veces antagónicos- entienden que todo lo hecho y por hacer es por uno y los míos. Mis ideas se apelotonan todas a la vez y ninguna logra sobreponerse sobre las otras.

El tiempo se acota, el transcurso es inevitable y real. He llegado a mi cima hace un rato largo y he puesto punto muerto para dejarme llevar por la bajadita, esperando que no se me cruce pozo alguno ni desfondarme en mi descenso. Me he convencido a mí mismo de que estoy haciendo bien. El gran tema es la relatividad y sus consecuencias. No hay norte ni sur, somos cuerpos en una galaxia infinita e indivisible para el ojo humano. De a poco me voy acercando a un sitio más adecuado. Deseo ser como aquellos que se contentan con tan solo tener cubiertas sus necesidades básicas -sin cavilar ni cuestionar tanto su sentir- y hasta llegan a disfrutar del sinsentido de ser viviente.





Wednesday, July 5, 2023

Ensimismado


Hace un tiempo largo ya que morí y no me había dado cuenta. Estoy aburrido de estar aburrido; siento que he perdido la batalla – si es que alguna vez hubo una. Hago todo mal desde que tengo memoria. Planeo, pienso de antemano lo que voy a hacer y decir- pero llegado el momento de interactuar entran a jugar variables ajenas a mi voluntad y termino desilusionado y hasta enojado conmigo mismo por no poder controlar la narrativa, lo que va ocurriendo; las dinámicas de las conversaciones van hacia lugares impensados y hasta indeseables muchas veces. Por eso es que escribo: porque puedo releer, corregir, sacar, agregar, dejarlo por un tiempo macerándose y volver al texto cuando siento la necesidad de hacerlo.

Ustedes leen una versión mejorada de mi o lo mejor que puedo dar de mi- que es bastante escueto pero que surge desde mi más profunda angustia y dolor, las cuales no tolero esconder porque me llevan a vivir en un terror constante e insensato; una turbia paranoia se apodera de mí, me clava su gélido cuchillazo en mi garganta y explota en mi estómago sin siquiera entender sus razones o como consolarme de esta ansia generalizada que me persigue inviernos y veranos, donde sea que vaya y este con quien este. Esto es una condena disfrazada de libre albedrio, creencias y supersticiones que oscurecen aún más mi falta de claridad emocional. Poseo un alma solitaria; soy un cumulo de obsesiones y arrebatos del instinto, es decir un individuo inmerso en la vida más elemental y mezquina. Experimento un tenaz y constante remordimiento -como vaca que rumea una y otra vez su bolo alimenticio -aunque ya ni recuerde los orígenes del mismo.

Honorables miembros del jurado de tan prestigioso certamen literario, asiduas lectoras y lectores, desprevenidos internautas que han llegado aquí a través de las sombrías casualidades que os tenia preparados vuestro destino- sepan que lamento decepcionarlos con este texto sin finalidad, principio ni final; no existen aquí los personajes, eventos, dramas, transcursos, diálogos, desarrollos, moralejas, enseñanzas, paralelismos, rimas, coyunturas, significados, sentidos figurados, lectura entre líneas, misterios ni aprendizajes. En otras palabras- es una mierda de texto, inservible, incoherente, un gran sinsentido, una perdida absoluta de tiempo y energía. Un relato sin filtro ni ingenio, sin imaginación ni propósito. En definitiva, un fiel reflejo de mi existencia antónima




Wednesday, May 31, 2023

Intención

Me quede vacío una vez más. A pesar de mis esperanzas de cambio- los vaivenes me depositaron en un lugar donde mi corazón se encoje y mi cabeza gira imparable buscando entrar en órbita. Vuelvo a anestesiarme para que el dolor no me traspase y sigo haciendo de cuenta que todo está bien encaminado, que son percances momentáneos para lograr un beneficio ulterior. Adormilado y anestesiado como estoy, asimilo mis limitaciones. Lo que se ve de afuera y lo que realmente es -puede llegar a ser diametralmente opuesto.

Los temas se reiteran, aparecen una y mil veces: propósitos, sentidos, libre albedrio (en el supuesto caso que se sincronicen multitudes de cambiantes coordenadas y circunstancias). Tengo la ilusión de que por ahí haya medio escondido- un nuevo despertar. Pero así como puede surgir en algún momento, así también se va… tal como apareció. Sin aviso. Por eso -y con cierta insistencia- golpeo las puertas del pasado; puertas que hace un tiempo inexacto nadie responde.

Padezco en carne propia a ciertos individuos que son flagelos de la condición, consecuencias de un mecanismo mental que no para y tritura todo el tiempo. Personas que intentan imponer sus ideas, dominar psicológicamente a su interlocutor, cambiarlo y hasta responsabilizarlo de sus propios defectos. No les interesa saber lo que piensa el otro o entender su accionar- sino que repiten hasta el hastió un monologo sofocante que trata de explicar sus formas de ver las cosas. A pesar del agobio que me generan- he decidido subirles su autoestima escuchándolos. Es de las mejores cosas que les puedo regalar en vida.

Toda religión- tanto sea monoteísta como politeísta- está basada en la fe y la creencia. Dentro de mis limitadas posibilidades- intento manejarme por la vida con certezas. Más allá de toda especulación, suposición, parecer y credo- sé que en algún momento todo termina de una vez y para siempre.

Llego el momento en que es necesario tomarme un tiempo, único y mío. Diviso un horizonte lejano e inexistente donde deseo y realidad se unen. Mi musculo ocular se distiende y reposa; respiro profundo; el aire abandona mi cuerpo y produce un movimiento tóraxico que me estremece como canino que encuentra al fin su lugar de confianza, resguardo y descanso. 






Wednesday, May 3, 2023

Propósito

Quien habla, narra y redacta

nada tendrá que ver conmigo.

No se engañen:

todo lo que relucirá

se deberá a su lustre.

 

Todo será motivo de preocupación

sin importar el tamaño

ni la trascendencia del asunto.

 

Sentir y pensar

cosas diferentes

distintas realidades y devenires.

 

Como a todo mamífero del asfalto

me llegara el momento de ir

aunque no sepa cuando.

 

Todo anhelo

-además de la auto indulgencia-

fabula

conquista

acontecimiento idealizado

posee un tinte humano

el cual olvidaremos.

 

             El día en que nada me contente

  por más lindo que escriba                            

                            será una reverenda desgracia.

Me arrojare sin tela ni entretejido

que me proteja de la inexorable caída.

 





Wednesday, March 22, 2023

A pesar de todo aun te extraño

Deambulaba por la playa en un día soleado e invernal. Divise a lo lejos algo parecido a un lobito marino o tal vez una sirena. El resplandor de los rayos era tal que no podía distinguir que era ese bulto a la distancia a pesar de mi esfuerzo visual. El agua estaba tan fría que después de pocos minutos de tener mis pies inmersos- deje de sentirlos. A medida que me iba acercando me di cuenta que se trataba de una persona. Ella estaba boca arriba, con los ojos cerrados, su estómago subía y bajaba con una cadencia perfecta, al son de su respiración. La observe algunos segundos sin acercarme demasiado. Era preciosa: facciones eslavas, un cuerpo que parecía hecho por algún dibujante obsesionado con las formas perfectas e inspirado por los dioses de la procreación. Tenía un traje de baño de dos piezas; no había ningún objeto alrededor de ella. Seguí andando, no quise interrumpir su descanso. Parecía como si se hubiera metido en el océano en algún paraje lejano y la corriente la hubiese traído a estas costas. ¿Pero cómo podría ella haber sobrevivido tantos kilómetros a la deriva? Las preguntas se me juntaban a borbotones y encontraba respuestas que salían desde una parte desconocida de mi conciencia, como si hubiera otra persona conviviendo dentro mío. Después de un rato volví al lugar donde la había visto. No se había movido. Sus ojos claros y transparentes -como las consecuencias del paso del tiempo- estaban abiertos y mirando boca arriba un cielo carente de nubes. Se sentó, me miro detenidamente sin susto ni sorpresa y me dijo algo que no comprendí. Ante la falta de respuesta, volvió a hablarme pero esta vez lo hizo pausadamente como para hacerse entender lo mejor posible. Su voz era dulce aunque el idioma que utilizaba me era completamente desconocido. Le respondí que no entendía girando mi cabeza de derecha a izquierda- a lo que ella me contesto algo indescifrable. Instantes después encogió sus hombros, se paró, sacudió la arena de su cuerpo, miro hacia todos lados y comenzó a caminar, quizás sin saber a dónde pero con paso decidido. Desapareció de mi campo visual tan rápido como una criatura pasa de la risa al llanto. Taciturno y apesadumbrado continúe rumbo hacia mi actividad habitual. La rutina me deglutió con sus fauces abiertas de par en par, me digirió con aplastante indiferencia y me defecó en el más absoluto de los olvidos.





Tuesday, January 10, 2023

Intestinal

A pesar de su costumbre de reírse de aquellas personas que se refieren a sí mismas en tercera persona -como buenos egocéntricos que son- dicen los que lo conocen que es un tipo querible y hasta afable. Hubo un extenso periodo en su vida en que el reprimía a toda costa todo lo que consideraba inapropiado.

De muy joven en casa de su primer novia -además de dominar su boca ante situaciones familiares desfavorables para su amada- contenía también sus flatulencias por temor a ser escuchado. Con el paso del tiempo supo -luego de consultarlo con un gastroenterólogo -que su intestino vive irritado y era esa la causa de sentir unas ganas irrefrenables de deshacerse de gases que le generaban y aun le generan malestares en su sistema digestivo. 

Una vez diagnosticado sobre su condición intestinal- se permitió evacuar flatulencias sin tantos pruritos. Algo similar sucedió con sus pensamientos: se dio cuenta que su mesura en situaciones críticas lo hería y dañaba en su fuero íntimo. Así fue que empezó a decir cosas que la gran mayoría de su entorno no tolero ni quiso volver a escuchar. Entonces fue encontrándose cada vez más aislado y dejado a un lado pero sin tantos retorcijones ni remordimientos.

Algunos lo etiquetan de difícil, complicado e intenso. Mientras tanto, él no se victimiza e intenta focalizarse en lo esencial e indispensable. Por algo los ojos están en la cara y no en la nuca: para ir hacia adelante.



Foto gentileza de Andres Aksler.

Friday, October 28, 2022

Media pila

 

Su existencia fue un lastre sombrío, denso e impenetrable. El gran temor una vez muerto era el silencio atronador dentro de su tumba. Confió en que sus hijos lo enterraran- indicaciones mediante- junto a su radio portátil. Los deudos que transitaban los estrechos pasadizos del cementerio- oían un rumor constante, música, partidos de futbol, noticieros y no se daban cuenta de donde surgía tal audición.

Por las noches se juntaban en torno a su tumba en busca de entretenimiento una variedad de espíritus que habían muerto en una paz maquillada o cuyas vidas habían sido una llovizna lánguida e intermitente sin propósito, rumbo ni destino. Se armaba una comunión muy armoniosa entre estos espíritus hasta que un mal día la radio –cual romance de verano- dejo de funcionar.

El fracaso de su propósito volvió a ser palpable entre sus semejantes de la misma forma que lo había sido durante toda su vida. La historia- como todas ellas- termino buscando culpables de tal cambio de circunstancias.





Tuesday, August 30, 2022

Playa nudista

Era un hermoso día para estar al aire libre y el agua en la playa nudista estaba preciosa.  Deje toda mi indumentaria, billetera, llaves y teléfono sobre mi silla de playa. Estaba tan lindo que me quede un rato largo en el océano. Al salir me lleve la ingrata sorpresa de encontrar solamente mi silla. Debía encontrar la manera de llegar hasta mi casa como arribe al mundo. Hubiese querido transformarme en una figura fantasmal o espectral para pasar desapercibido. A raíz de ese pensamiento se me ocurrió canjear mi silla playera por una toalla para cubrir mi desnudez.

Comencé a recorrer la playa con ese objetivo. Una persona tras otra a la cual le planteaba mi propuesta- se negaba al trueque. Creo que percibían mi aflicción como cuando era joven e iba a bares de mala muerte en busca de encuentros furtivos con desconocidas del sexo opuesto. El interlocutor olfatea la desesperación y huye despavorido.

Ante este panorama desalentador -el último recurso al que mi imaginación pudo acceder en ese momento fue destruir la silla y con la lona y un par de cuerdas desflecadas que encontré sobre la arena- construí una versión elemental de hombre sándwich.

Dudaba profundamente si iba a poder regresar de esa forma a mi casa pero tampoco tenía otra opción.  Así que sin más inicie mi retorno. Mi preocupación por la reacción de terceros se fue transformando en sorpresa al notar que nadie me prestaba atención alguna. Me ignoraban olímpicamente. A medida que avanzaba fui tomando más confianza en mí plan. Lo que en un inicio fue sorpresa se fue transformando en decepción: la vida de uno no le interesa a nadie más que a uno mismo; cada persona va por la suya cargando su cruz, con sus propios asuntos, extraviadas en el encierro de sus mentes.

Mientras esperaba que el cerrajero abriera la puerta de mi casa, un concepto que venía rumiando tomo cuerpo y forma definitiva: lo opuesto a la virtud, a la fuerza de voluntad, a la habilidad, a la risa, al erotismo, al sacrificio y la creatividad es el desinterés, la apatía y la indiferencia.




Thursday, August 18, 2022

La feria

 

Deambulaba por callejuelas sin señalización ni salida aparente cuando me topé con una feria única y particular en varios sentidos. Difícil de describirla -aunque si dijera que se trataba de una feria temática no estaría completamente errado. El día estaba ventoso, era un viento caliente y arremolinado sin dirección alguna. Apenas entre, hacia la izquierda un puesto vendía ilusiones. Tenían de todo tipo: las que son de por vida y las que tienen un objetivo concreto como casarse, recibirse de médico o bajar de peso. Al lado estaba el puesto de los eufemismos: ofrecían de los cómicos y los políticamente correctos e inofensivos. Dos pasos más allá, una muchacha de cara limpia y equilibrada ofrecía certezas, evidencias, autenticidades y convicciones. Uno de los puestos más disfrutables de toda la feria. En frente ofrecían sensaciones de frio, calor, hambre, vacío y todas las imaginables. Seguí recorriéndola y todos los puestos brindaban artículos inusuales de encontrar a la venta: intenciones, indulgencias, esperanzas, cavilaciones, sugestiones y otras que mi memoria ha olvidado.

Después de pasadas unas horas observando y escuchando a los feriantes y sus propuestas- una desazón indefinida y difusa me invadió. Respire hondo. Una transpiración fría cubrió mi frente pegajosa. Tuve que sentarme en el piso con todo lo que ello conlleva para alguien con misofobia. Durante muchos años he venido complicándome la cabeza con posibilidades inciertas y hasta remotas de situaciones de vida que raramente terminan ocurriendo. Y si ocurren- suceden de una manera muy distinta a como las imagino. Sin embargo, las vivo intensamente como si fueran a acontecer de un momento a otro. Mientras mi organismo transitaba por este estado de ánimo- mi cabeza tomaba conciencia y más nítidamente que nunca antes entendí y comprendí que he de terminar mal- como el resto de los mortales: la decadencia de la mente y sobre todo la del cuerpo- es un camino de ida.

Aun sin poder encontrar mi rumbo, llorando de alegría recordaba aquellas tardes estivales en mi cuarto con la radio a todo volumen y una batería que era para mí la octava maravilla -aunque en realidad se caía a pedazos- donde el presente me tenía hipnotizado con sus mieles del ahora- sin expectativas, frustraciones, desilusiones, fracasos ni desengaños de ningún tipo que me opacaran. La existencia y sus pliegues más recónditos -es la mejor y más compleja trampa imaginable: una patraña la cual conocemos su final inevitable desde un principio.






Friday, April 22, 2022

Me dice

 

El doctor que los valores de mi último análisis están dentro de lo normal para mi edad. La arquitecta confirma que la construcción va a estar terminada en fecha. El mozo comunica que mi pedido está casi listo. El vendedor de autos usados explica que la unidad que me interesa comprar está muy bien considerando los años de uso que tiene. El chofer del ómnibus se compromete a avisarme donde necesito bajarme. El político de turno declara que los últimos índices muestran que la economía y poder adquisitivo de los ciudadanos siguen al alza. La psicóloga recomienda que siga tomando la prescripción que me resetó el psiquiatra. El zapatero explica que el cuero del calzado cede con el uso. El tendero promete que el buzo no encoje con los lavados. El creyente utiliza su artillería divina para colonizarme. El feriante vocea que tiene las uvas más dulces de toda la feria. El mecánico -meneando su cabeza de lado a lado- sentencia que debo cambiar la bomba del agua. El policía asegura que está para protegerme y garantizar mi seguridad. El peluquero pide que de una buena vez me deje cortar las patillas- que me va a quedar mucho mejor. La maestra deja constancia en mi carnet que puedo y debo rendir más. El comentarista deportivo afirma que el resultado del partido es totalmente justificado.

Me cuesta creerles; en realidad no les creo una sola palabra. Las verdades a medias con sus mentiras solapadas y engañosas- han desgastado mi confianza ciega. La ingenuidad y pureza de los niños, la óptica de los “locos” y la verborragia torpe de los borrachos serían las únicas opciones de sinceridad disponibles. Por tanto, seguiré siendo un laico que vota en blanco.




Friday, March 11, 2022

Inercia

Se dispara mi alarma y todo alrededor se inunda de humo. Quiero cerrar la puerta pero algo inmaterial, oculto- no me lo permite; algo que vive en la frontera de mi ansiedad, mi cabeza y mi realidad. Algo que siento como una frazada demasiada pesada- desnuda mis flaquezas y cubre mi ánimo. No recuerdo desde cuando la conservo: tengo la sensación de que ha estado junto a mi desde que tengo memoria, o mejor dicho desde que recuerdo tener memorias. Esta frazada ha pasado por varios veranillos en que la he olvidado -pero una y otra vez vuelve invernal y me deposita infaliblemente en una espesa neblina cerebral.

Desquiciado, desbocado como caballo que ha estado demasiado tiempo en su corral- anhelo esos instantes de no pensar ni esperar más: solo sentir. Eso: una vacación mental y descanso para el espíritu. Una especie de purificación, un curativo, un imán que me mantenga entre los que aún tenemos la suerte de padecer y disfrutar absurdos e inercias del diario vivir.

Llego a mi casa con la rutina de la semana a cuestas pero aun con la energía autómata del maniático que me lleva a probar la manija de la puerta una y otra vez, asegurándole a la compulsión que la puerta ha sido efectivamente cerrada por mí mismo. La llave del gas es mi próximo destino. Después de cerrarla me quedo mirándola fijo y contando hacia mis adentros hasta una cifra caprichosa- hasta mi número de suerte arbitraria. Miro a mi alrededor para asegurarme que todo esté en su lugar asignado, en ese orden antojadizo que me reconforta. Ahora es el turno del lavado de manos, una operación meticulosa, sigilosa, que requiere toda mi atención y esfuerzo. En los inviernos, el revés de mis manos se desfigura en un cuero agrietado, rojizo y áspero de tanta agua y jabón. Luego de todos estos rituales -me siento con el derecho a respirar profundo y desechar toda mortificación- tanto sea real o consecuencia de mis obsesiones.

Entonces escribo sin proponérmelo, sin justificacion alguna: me tranquiliza y ocupa, me anestesia al punto de no sentir malestares transitorios y fomenta lo que aún subsiste en mi despoblado mundo interior. Escribir es de lo poco que me va quedando para compartir y comunicarme. Una comunicación diferida, incierta y probablemente inexistente que en definitiva solo ocurre conmigo mismo. Por lo tanto, esto es un desahogo, como el de aquellas flores que esperan con ansias los primeros soles primaverales para abrir sus petalos deslucidos. Intento y ensayo mi sanación con las letras, cicatrizar con lo escaso de lúdico que aún persiste en mí y jugar al escritor maldito, maldito conmigo mismo, que maldice su percepción hosca, opaca, descarnada de sí mismo y lo que lo rodea. 




Wednesday, January 19, 2022

Resurgir

                               A Rosina, fuente de inspiración y admiración.

 

En una mañana ideal de verano caminaba por la orilla paladeando el retrogusto del desenlace, de lo inevitable. Vivía en un tiempo diferente, subjetivo, un paréntesis que no pertenecía al pasado ni al presente o al futuro. Añoraba la inocencia y felicidad de mis primeros tres años de vida: una etapa que la rememoraba pura y con todo por descubrir. Uno de mis recuerdos más vividos era la imagen de una flor de mburucuyá en un clima gélido, inimaginable, ajena a ese medio. Ella- inaudita- lucia sus petalos ante las miradas estupefactas e inverosímiles que la observaban con timidez y desconfianza.

A temprana edad mi ansiedad se hizo miedo y eso marco la falta de cadencia en mi canción vital. Luche y me enfrente a ellos. No me pertenecían, no eran míos sino que me los inculcaron sin siquiera pedir mi consentimiento, contrario a mi voluntad. Conviví desde aquellos días con la indignación. Y no era una indignación generalizada hacia la vida y todos sus residentes: era contra aquella persona que estaba ahí para cuidarme y sin embargo- ciega de angustia y desesperación-  salto desde el balcón hacia la nada y me abandono -sin advertencia- a mis cuatro años de edad. Ese niño elaboro y justifico en su cabeza las sinrazones y abusos con los que le toco coexistir. Se transformó -sin buscarlo- en el padre de su padre, la madre de su madre y olvido quererse y cuidarse a sí mismo. A la que nunca pude disculpar fue a la inmundicia que remplazo a la suicida: me obligaba a quedarme sentado a la mesa durante varias horas al día. Además, no me permitía emitir sonido alguno. Un auténtico e innecesario martirio para un niño de cuatros años que se prolongó durante seis meses.

La falta de personas que me acompañaran en mis proyectos y sueños- acrecentó en mí una individualidad exacerbada, un mecanismo de defensa ante la ausencia de compañía. En mi cabeza- me sentía como un perro con tres patas: mi estabilidad mental rengueaba mientras la vida exterior transcurría sin que nadie lo notara. Hubiera preferido que se tratara de una carencia física para al menos así haber sido percibido.

Después de demasiado tiempo me harte del vacío, del aburrimiento, de la melancolía como quien ha estado años barriendo arena en un desierto sin horizontes. Entonces, decidí no vivir más en ese infierno bestial de impotencia y desilusión rociado de un jugo melocotonero con resabio a ironía y burla. Me desprendí de ese yugo, de todo lo que no era mío y que a lo largo de los años se había adherido a mi psiquis a mi pesar y me obstaculizaban, dejándome siempre a mitad de camino en mis proyectos y aspiraciones. Ingrese a mi madurez como una tuna ajada- con la voluntad e ilusión de lograr desespinarme, abierto a que florezca lo que la pujanza y mi capacidad natural permita destrabar y reaparecer.




Wednesday, November 10, 2021

El jardín de los sueños

 

Nos masturbamos con lo que nos es ajeno. En algún momento de nuestra existencia hemos sido objeto o sujeto de fascinación.

Triángulo puja por transformarse en cuadrado, cuadrado en rectángulo, rectángulo en hexágono y hexágono en círculo.

Cigarrillo sueña con ser cigarro y cigarro con ser habano.

El materialmente pobre quisiera ser rico; el rico codicia la vida “simple” del pobre.

Al desempleado le gustaría tener empleo; el trabajador procura ser jefe y el jefe fantasea con sus próximas vacaciones.

El cachorro anhela ser adulto y el anciano volver a su infancia.

El calvo añora su cabellera de antaño; al que tiene pelo lo cautiva la idea de tenerlo más largo y sin canas.

El que se ducha en invierno con agua fría ambiciona tener calefón; al que se baña con agua caliente le apetecería tener bañera y al que tiene bañera le complacería tener Jacuzzi.

El que anda a pata desea tener unos pesos para el boleto; al que va en ómnibus le encantaría tener bicicleta; al que va en bicicleta lo seduce una moto y al que va en moto le fascinaría ser dueño de un automóvil.

Al final del día, todos los deseos y frustraciones son eyaculados por el saboteador e inconformista que convive en nuestro inconsciente y volvemos a percibir la inevitable e irremediable realidad, sin vueltas ni revanchas.




Friday, October 15, 2021

Dormir

 

Esa mañana me levante temprano -como de costumbre- con mi frecuente ansiedad de que todo dura demasiado tiempo. Mientras preparaba mi café, sentía mi cabeza liviana a modo de principio de una borrachera. Esa liviandad paso a ser mareo a los pocos minutos. Tuve que agarrarme de las paredes para llegar a mi cama. Una transpiración fría me hacía tiritar descontroladamente.

Estuve dos días dormitando casi que ininterrumpidamente y sin comer bocado. Sueños vividos me llevaban por pasadizos inhóspitos y desconocidos de mi subconsciente. Logre levantarme un par de veces para ir al baño a tomar agua y lanzar un jugo gástrico amarillento y espumoso que me provoco una acidez áspera.

El tiempo pasaba lento y rápido a la vez: de a ratos sentía un vértigo aletargado que me impedía mantener la vertical y me postraba en una perpetuidad confusa, rotando posiciones en la cama que me ayudaran a conciliar un sueño que me desenterrara de esa pesadilla.

Los cuadros en la pared tomaban volumen y se me venían encima con sus colores chorreantes y repugnantes. Intentaba mantener los ojos cerrados mientras no dormía para que las cosas no giraran a mi alrededor.  Mi mente y cuerpo estaban desconectados, desacompasados –como si se tratara de voluntades opuestas.

En cierto momento el silencio fue total y el aire inodoro- cual si mi olfato y escucha hubieran desaparecido de mi paleta sensorial. Deje de buscar, recordar, creer, pensar, soñar y darme vueltas en la cama. Al fin y sin aviso, la paz conmigo mismo venció a mi mente retorcida e invadió mi cuerpo inerte.





Thursday, July 8, 2021

Fragmentos

 

Lo que en un principio fue placer- se ha transformado en una desvergonzada necesidad: mientras escribo –se desata una orgía en mi mente y esto se ha convertido en una dependencia que tal vez sea pasajera. O quizás no. Hay quienes gustan leer un texto interesante, que les deje un algo y a su vez los haga sentir participes: un libro que “valga la pena” ser leído. Acaso aguardas con cierta esperanza encontrar aquí algo atípico, con un foco y una perspectiva un tanto oblicua. No puedo ni debo comprometerme a tanto: escribo en busca de alivio, desahogo y porque no quiero seguir siendo víctima ni esclavo: para liberarme de mi realidad. Es mi terapia para combatir mi descreimiento, compulsiones, la sensación de vacío crónico, el aburrimiento, la soledad y desconfianza.

Escribo para mí mismo: para recordarme quién soy si llegara la noche en que mi memoria se destruyera en la más senil de las demencias. Además, la escritura me da una sensación de libertad un tanto engañosa porque el lenguaje es un saco de fuerza imposible de huir. Pero esto es lo que tengo y utilizo cuando el vacío y la nada golpean las puertas de mi ser buscando un significado, un propósito o tan solo una intención capaz de transformarse en una ilusión que mantenga la llama vital encendida y alumbre las tinieblas de ese destino tan sabido como inevitable.

Los renglones vacíos de la carilla parecerían ser fosforescentes a la luz del intenso rayo de sol de abril que cae de canto sobre mi cabeza, difícil de obviar y a su vez- lo más contundente e irrebatible que encuentro en este mundo. Necesito del sol para vivir: el hace crecer todo (lo bueno y lo no tanto), broncea la piel y provoca un fuego en mi alma que dejo expuesta para que todos la vean tal cual es y la juzguen sin que yo pueda ni intente evitarlo. De esta forma- dejo mi psiquis al desnudo; la comparto para mi bien y el de todos que así lo entiendan. Las personas que no esconden sus debilidades- sino que las comunican- me hacen sentir un aliado en la causa del diario vivir.

Mi realidad no me supera ni me sorprende. Describir lo que percibo es una tarea engorrosa: solo alcanzo a garabatear retazos de mi sentir, de mi inmadurez emocional y de mi verdad fragmentada. La mayoría de mis días son un disco rayado que se repite hasta el hartazgo como una historia sin principio ni fin. Ir detrás de la zanahoria me embrutece y desgasta. Más que una zanahoria, es una carnada, una trampa -como lo es toda utopía.  

En las noches que logro dormir sueño con un presente esperanzador y hasta sanador a pesar del aburrimiento y melancolía que tránsito en mis horas de vigilia. Mi primer objetivo del día es el reconocimiento de mi existencia, de mí mismo. Me despierto con la arcada a boca de jarro y corro hacia el espejo para ver si soy el mismo que se acostó a dormir la noche anterior o si es alguna capa de mi subconsciente. Otros días, me levanto torcido y siento un falso contacto dentro mío -algo que no funca del todo. El vómito finalmente me alcanza, me afirmo al inodoro y abro la boca todo lo que puedo. Por mi garganta transitan -con violencia reveladora-  mentiras que ayudan a vivir. Estoy temblando y transpirando profusamente. A veces la eternidad dura unos pocos segundos.





Tuesday, April 27, 2021

El agua en su cántaro

Busco un estado de serenidad, de calma que no equivale a resignarme o escapar de mí mismo -sino que deseo encontrar cierto equilibrio ante las desgracias inevitables que transita todo mortal. Lloro ríos de frustración que desembocan en afluentes donde no hay llave de paso que pueda contener y menos aún cerrar el flujo de sentimientos que brotan desde el subsuelo de mi conciencia. Mis venas son los canales de un sistema pluvial desbordado; mis alcantarillas no toleran más lluvias. Necesito procesar mis propias aguas cloacales: agua que viene entreverada con fango, ramas de todo tamaño y resabios que llegan hasta hoy desde el fondo de los tiempos. A su vez, padezco de una utopía incurable: anhelo con todas mis fuerzas- experimentar y sentir a pleno el cántaro inagotable, una disposición y tesitura mental sin limitaciones.

Mientras transcurre mi tormenta intestina- la veo bajarse de su bicicleta enclenque. Su asiento está envuelto en un nylon sucio para evitar que se empape con esa lluvia que tanto me afecta. Arroja unas migas de su pan flauta en el suelo y súbitamente aparece una variedad insólita de aves revoloteando alrededor de su cabeza: los gorriones comienzan a picotear pero son inmediatamente espantados por un par de palomas glotonas de cuello tornasolado que no tienen mejor suerte con los cuervos y sus chillidos ásperos de muerte. A su vez, los cuervos se dispersan cuando las gaviotas aterrizan amenazantes proclamando con su graznido reverberante – el dominio total de esas migajas que ella tiro al piso y ahora ni siquiera recuerda.




Tuesday, February 23, 2021

Tengo un plan


Soy un náufrago de una alegría empapada en inocencia que ha encallado en una isla intrincada e infecunda producto de mi psique. La recorro en punta de pies con el corazón en la boca.  Es un sitio de flora espinosa, con un clima inestable e inconsistente que me atormenta como una sentencia impuesta por mecanismos que desconozco y solo puede ser visualizado a través de filtros ópticos únicos y químicas cerebrales tan específicas como la que cada individuo posee.

Quiero bajarme de esta incomoda cúspide de dudas permanentes, incontestables e inútiles.  Respiro hondo por la nariz y largo un aliento tenso, húmedo e infecto. Efímeramente - como estrella fugaz que se desvanece en un cielo incierto y tenebroso- logro ubicar mi foco en un lugar que me gusta: observando el vaivén de las olas de un océano plácido mientras un sol rubí besa el horizonte; logro estar más en el ahora. Mi intención es estar y dejar de ser ese ser que nos contamos a nosotros mismos. Me entrego a la inmediatez y su relatividad. Acepto mis limitaciones; reconozco mis derrotas. En definitiva, se trata de como decido verme.

Lo que aún sigo sin entender es lo que me incita a tomar tal o cual decisión o a no tomar ninguna. ¿Sera evitar el dolor a corto plazo? El dolor me provoca una cadena de reacciones: es el mensajero de nuestro organismo que viene a avisar que algo no anda bien. Algunas personas optan por no escucharlo -aunque retumbe como un terremoto que parte al medio los cimientos más profundos.

Me es indispensable expandir mi zona de confort, quitándole terreno al miedo, la ansiedad y la paranoia. Sentirse culpable lo tiñe todo de miedo. El miedo es un monstruo que necesita de una gran cantidad de combustible vital: cuestionamientos, teorías y las excepciones que las confirman. A diario enfrento una constelación de fantasmas que me habitan y me alejan con sus presencias del mundo de los racionales y pragmáticos.

Del azar brota una valija media destartalada, vacía y deforme por el paso del tiempo que nunca antes había visto. Ella, inevitable como lo es la fuerza de gravedad, me espera sin apuro ni descanso para que la llene de interrogantes y así partir juntos hacia una deriva vacía de certezas.





 

Thursday, January 28, 2021

Verle algo a las cosas


Hace rato que me vengo tomando las cuestiones del diario vivir a la tremenda: que la hoja de afeitar del peluquero me puede infectar el SIDA de algún cliente anterior o que la pipa se rompa por dentro sin darme cuenta y me termine tragando pedazos imperceptibles de vidrio. Vivo alarmado intentando evitar lo peor estadísticamente posible. La tensión que genera ese por las dudas después de tantos años de padecerla- me quita energía, entusiasmo y -en definitiva- las ganas de todo. No es conducente mantenerse en ese estado constante de sobresaltado y horripilante fatalismo.

Es harto difícil verse desde afuera y comprender cuan atornillados y enfrascados están nuestros procederes y comportamientos. Cuando encuentre el lugar preciso del pie donde el zapato me aprieta y lo acepte- calculo que mi existencia se tornara un poco más tolerable: una especie de vivir en play sin caer en la necesidad de pulsar el fast forward.

Me voy acompasando a una quietud que por momentos me es irrespirable, dictada por algún sabiondo, travieso de laboratorio que anda experimentando con vidas ajenas. El aislamiento es profundo y denso como una cuenca que se interna tierra adentro por los túneles del tiempo. ¿Estaré olvidándome de la existencia de otras personas? Estoy abocado a mi rescate emocional intentando evitar que una piedra rodante- por mas diminuta que sea- termine estallándose sin anuncio en mi parabrisas anímico.

Escucho sensaciones, pensamientos que no sé de donde vienen ni su por qué. Una imagen, una sola, vale más que un concepto, pre-concepto o duda hacia lo diferente de lo que estoy acostumbrado. Busco verle un algo a las cosas, un algo disfrutable que me permita entrar en un trance que me despegue de lo temporal, y perder así los parámetros circunstanciales para focalizarme en lo sustancial, en lo que queda de pasional en mí.

Trato de existir cómodo con lo mínimo que me es indispensable; simplifico sin perder mi esencia. O me miro al espejo concentrado y me hablo firme, o me pongo a escribir y que sea lo que tú y tus creencias quieran. Además, lo anoto para no olvidarlo -más allá de estilos, formas y gustos. Escribir es tomar una fotografía instantánea de mí mismo.

Lo que más quiero es conocer, intimar con lo que considero bello -que no significa necesariamente equilibrado. Apago la luz y a través de mi ventana- las estrellas con todos sus satélites y planetas son un uno indivisible y sincronizado a fuerza de gravedad o de la falta de ella.

Hace tiempo que se me perdió el esfuerzo. Sin él no sé si alguna vez podre elevarme, iluminarme y ver el camino que me lleve a mi destino. Proyectarme y soñar -aun cuando mis ojos permanecen abiertos- es mi única esperanza de mantenerme a flote.







Thursday, December 3, 2020

Disquisiciones amnésicas

Me anestesio para aclarar mi mente y no sentir el dolor que me causa el paso del tiempo en vano. Hay algo que no estoy seguro que es, algo que estoy desperdiciando y eso me angustia de forma indefinida pero cierta. Me hallo en las antípodas de una carrera contrarreloj; una quietud sofocante deshidrata mis bríos. Desde hace tiempo que mi tanque de nafta* marca la reserva: pongo punto muerto y dejo llevarme por la bajadita estacional que me recibe con su oprobiosa oscuridad y frialdad característica.

Intento encontrar un detalle que interrumpa la invariable reiteración de hechos idénticos y esa continuidad- me produce una monotonía hipnotizadora. Busco el calor interno que me devuelva a la llanura, a la simpleza de lo ordinario como quien espera al pie de un árbol a que caiga su fruto prohibido.

Afuera diluvia hace días; las horas de claridad se escurren a la velocidad de la luz. El frio y la lluvia cala mis huesos. No escribo para entretenerte -no es esa mi intención- sino que para externalizar lo que me tiene trancado. Lo mismo me da si es poco y de mala factura, si contiene una frase jugosa o un paralelismo fascinante lleno de mensajes entrelineas.

Cuento con un tiempo incuantificable, inconexo, subjetivo, teñido de manipulaciones del inconsciente que se asoma y me asombra con sus manifestaciones. Estoy escuchando músicas que hace mucho no oía y releyendo aquellos libros que me piden que los abra y los mime.

El eje del mundo no se mueve ni un micromilímetro con mi ínfima presencia o ausencia. Son tiempos de conversaciones con uno mismo. Mientras camino por la vereda tratando de no pisar las líneas que separan las baldosas, mis grandilocuentes pensamientos y disquisiciones llegan a hilar tan fino como para creer que por fin he llegado a la certeza más absoluta e irreductible sobre qué es lo que le da sentido a mi vida: el deseo.


*manera en que denominan al combustible los y las rioplatenses.




Monday, October 26, 2020

Inconexo

 

No recuerdo, no estoy seguro desde cuando siento esta acidez, el dolor de mandíbula y mi hombro derecho casi inmóvil. Supuestamente lo sé- pero no logro identificar en que preciso momento- mi memoria se desfasó de la realidad.

Cargo con el peso de la dualidad entre teoría y práctica en toda su extensión. No sé si tendría que permanecer del lado teórico y alejarme de las inconveniencias que impregnan a la práctica- o si sería mejor dejarme llevar por los hechos y abandonar la teoría como si fuera un manual de instrucciones de un artefacto vetusto.

Cuelgo una camiseta blanca en la baranda para que seque al sol. Sentado a unos metros, noto que el viento la hará caer al piso embarrado. Una parte de mi- desesperada y ansiosa- quiere evitarlo, aunque también intuyo -sin comprenderlo del todo- que no voy a poder estar siempre para salvarla de su inminente caída. Debería permitir que las cosas sucedan sin interferir en situaciones y cuestiones que tienen su proceso de nacimiento, crecimiento, maduración y epilogo.

Hoy, ayer y mañana son el día después. La noche, la tormenta y su fría oscuridad- quedaron enterradas en las sabanas transpiradas de arrepentimientos y deseos.



Dibujo de mi hija