Thursday, September 17, 2020

Anoto


La ansiedad generalizada me retuerce los intestinos y la artritis ahonda mi melancolía. Somatizo mis carencias mientras escribo sobre el cemento frio, de aspecto invernal, metálico, parco, sin gusto e inoloro. No estoy haciendo una demostración de un producto que funciona con solo enchufarlo. Intento que los voltios corran e inunden el cable de la confianza, a través del cual podría volver a ilusionarme de que es posible, aunque la zanahoria con su vaivén hipnótico -no pueda esconder del todo la trampa inherente de la realidad.  

Noto y anoto lo que escucho de rebote: los pájaros mecánicos cumplen su trayecto con una constancia de reloj; las gaviotas vuelan sobre mi cabeza con su trinar marítimo; otras aves avisan con su canto que el día se va terminando; vuelan hacia sus nidos buscando resguardo, calor y refugio.

Se abre un paréntesis con forma de cueva donde aparecen pretéritos indefinidos e indecisos; hoy hay programa completo: mantengo la mayor cantidad de vicios posibles- sin llegar al extremo de que me lastimen. La moderación es como cuando se tiene la guinda de cuero dominada debajo de los tapones.

Cierro una puerta y queda trancada automáticamente. Finaliza una etapa y no hay vuelta atrás posible. Estoy en un cuarto cuya forma- valga la contradicción- es amorfa: no es rectangular, tampoco cuadrada ni siquiera un trapecio. Hay demasiado poco para hacer aquí- lo cual me resulta ser un poco demasiado. El nudo de la angustia que sujeta a mi garganta se suelta; los esfínteres ceden al fin- permitiendo que las inmundicias corporales fluyan y pueblen el ambiente de un pudor inútil e inevitable.

Soy feliz y lo ignoraba -aunque la felicidad siempre me ha resultado un concepto esquivo de entender. Deduzco que tienen más chances de ser felices los que menos necesitan del mundo exterior- tanto sea material como emocional -y quienes comprenden que lo simple es tan imprescindible como indispensable.




Tuesday, August 25, 2020

Trembling


For those who live exclusively in their own heads



I see words that other eyes don’t notice

I hear rhymes that another ears don't listen to

I smell stanzas that no one else detects

I taste phrases that nobody savors

I perceive meanings that are impalpable to those around me.



In a poorly ventilated room without windows nor mirrors

they medicate me to eliminate my thoughts, reflections,

memories and particularities that differentiate me;

a straitjacket with its straps and buckles

immobilizes me and makes my breathing difficult.








Tuesday, July 28, 2020

Solo supo hacer el bien


Hay individuos que no llegamos a conocer, pero aprendemos a quererlos a través de relatos de terceros. Más aun, cuando uno tiene el honor de llevar su nombre por la vida. Hoy escribo para homenajear a mi abuelo, quien respiro por última vez hace más de medio siglo.

De todas las cosas que he oído hablar sobre él, me interesan más las que no me fueron contadas, las que he constatado con mis propios ojos. Quizás por eso son de mi interés: porque son dilucidaciones que pude construir e imaginar sin la ayuda de relatos familiares.

Lo primero que salta a mi vista -son sus rasgos faciales y la tonalidad de su piel. Viendo fotos de él, advierto que su procedencia y su aspecto iban en direcciones divergentes. Intuyo que hay muchas cosas que no se de él ni de su historia genealógica.

Otra cuestión que capta mi atención es cuando uno va a visitarlo al cementerio: es tradición, dejar piedritas sobre las lapidas de las personas queridas como señal de que aún son recordadas. Recorriendo ese sendero creado por los mortales -para tal vez sugerir o rememorar la inmortalidad del alma - siempre me sorprende la montaña de piedritas depositadas sobre su tumba. A pesar de haber desaparecido físicamente hace muchas décadas, todavía hay gente que lo recuerda y añora. Si uno mira alrededor, las otras lapidas -tristemente- casi no tienen piedra alguna sobre ellas.

Sus parientes vamos al cementerio una vez, quizás dos veces al año (dependiendo como se presente la zafra mortuoria). Teniendo en cuenta la asiduidad con que su familia concurre al cementerio, es asombroso que siempre haya tantas piedritas depositadas sobre su tumba. Hace varios carnavales que sus contemporáneos dejaron este mundo. Entonces, ¿quién o quiénes serán los que se empecinan- año tras año- dejar constancia, como reza sobre su lapida, que el hombre enterrado debajo de ella solo supo hacer el bien?




Friday, July 24, 2020

ɐʇlǝnʌ opɐp

Jalvín va al fondo, por suerte hoy no llueve; aprovecha la intemperie de su pequeño jardín, observa las plantas bailando al son de la brisa, disfruta del cantar de los pájaros antes que sus vecinos den señales de vida, sinónimo de alboroto y ruidos molestos. Retomo la lectura, releo lo que ya había olvidado. Jalvín vuelve a perder su tiempo regando un pasto imaginario, tarea obstinada que desarrolla con una naturalidad y perseverancia propia de su herencia milenaria.

Salgo a caminar por el barrio. Entro al almacén y le pregunto a la persona detrás del mostrador: ¿qué sentido tienen las cosas? ¿Cuándo será el momento de ser felices- aunque sea tan solo un espejismo? ¿Vos sabes que es lo que estamos esperando? Ella me mira con ojos chúcaros y taimados; no es lo que esperaba un martes de tarde, aunque tampoco descarta de plano mi planteamiento existencial; entiende de donde viene mi cuestionamiento, su pureza, su lado utópico, noble e iluso. Habría sido más simple para ella si le hubiese pedido una peluca fucsia o un frasco de comida para murciélagos. Pero no, hoy no pudo ser; quizás mañana. Si, mañana será otro día, otra sensibilidad y necesidades.

Cuento con una brújula interna que me ayuda a dirigirme hacia el destino anhelado. Esa guía suele ser oportuna, racional y me mantiene fuera de líos; pero si la aguja se dañara por acumulación de desilusiones, mentiras, sinsabores y frustraciones- correría el riesgo de perderme en un camino plagado de buenas intenciones. Si a eso sumo una genética, condición y ambiente propicios- podría llegar a despertarse una voz interna, intrusiva, que nunca calla en la desbalanceada química de mi cerebro. Es una voz que magnetiza y arrastra a quien la escucha –entre otras cosas- a percibir pensamientos como si fuesen hechos concretos.

En mi mente se proyectan películas incoherentes, repetitivas, improbables y perturbadoras al borde de la obsesión- una y otra vez. Mientras tanto, algo queda flotando en mi subconsciente, aunque no pueda percatarme del todo de que se trata. Un algo que veo y asimilo: una impresión del momento. A partir de ese algo, construyo una estructura de donde agarrarme, un paraíso, un lugar lejano, perfecto, inalcanzable y lleno de idealizaciones.

La hora adulta del día -con su sol de durazno maduro cayendo del árbol- se despliega frente a mis ojos en cámara lenta. Un atardecer de verano suburbano, donde el aire sopla diferente que entre los altos edificios del centro. El aroma de los frutos y los vegetales emanan su sano atrevimiento. Se acerca la hora de cenar, ducharse y volver al sueño. Mañana será otro día, idéntico al previo.

La redundancia -monótona y periódica como el tictac del segundero- se me hace exagerada, la sufro cual si fuera un castigo, como si se tratara de una lección que todavía no he aprendido y en este momento debo enfrentar si o si- para de una vez por todas superarla y estar listo para la próxima condena o desafío que me prepare hacia el destino inevitable: la nada misma, el olvido eterno, tal si nunca hubiese existido mi impronta sobre la faz de la Tierra.





Monday, July 6, 2020

Ganas de nada


Hoy ando con suerte: me dejaron entrar más temprano que de costumbre a mi guarida, a mi resguardo. Las ventanas abiertas dejan expuestas múltiples hojas que visten a los árboles en pleno verano. Mi mirada queda suspendida en algún lugar y los recuerdos emanan sin timidez. Las imágenes son mi presente. Huelo algo conocido que me devuelve al lugar exacto donde estoy.

Tengo que enfocar diferente: no solo ver todo lo que falta, sino también disfrutar de la abundancia. Emociones y pragmatismos- antagónicos como lo son el talento y la mediocridad- conviven en mí. ¿Soy capaz de extraerme de lleno, sin refugios, completa y absolutamente? El entusiasmo debo encontrarlo debajo de cada baldosa, pese y a pesar de otros.

Está bien que no me destruya, pero tampoco quiero vivir con el susto a boca de jarro. Ni padecer miedos crónicos- ni ser un héroe intergaláctico, fuente de inspiración caricaturesca de tiempos a otro paso, sin poderes remotos ni procedimientos mecanizados y perfeccionados hasta en el más mínimo detalle.

La ilusión es fundamental en toda creación; es un nuevo despertar. Lleno mi alma con ella, por las dudas de que exista; el espíritu también. Las influencias de los maestros del buen gusto y la indiferencia de varios comparten pieza en mi altillo. Buceo en mi rio emocional intentando hallar - en sus aguas marrones y turbias - motivos, sentidos, tesoros perdidos y olvidados en el fondo del tiempo.

Debo ir a dormir ahora; mañana tengo que salir temprano al mundo de aquellos que desconozco, que no prefiero y cuyas apariencias son opuestas a mi realidad. Trabajar es una necesidad o quizás un error. Un descuido llena de hongos verduzcos el interior de mi congelador desenchufado. Absorbo mi respiración, profunda, completa; una inspiración del momento focaliza mi atención más allá de mi apatía y desgano perenne; la lluvia con su melodía monótona, cae de bruces sobre las chapas.



Thursday, March 19, 2020

La primera curda


El verano en todo su esplendor favorecía con su clima al Macuca que con su novia y amigos en común- acampaban a orillas del Rio de la Plata. Los estrictos padres de su joven novia le prohibieron terminantemente a ella- seguir viaje rumbo a las playas oceánicas del este uruguayo después de terminados aquellos cinco días de campamento pactados de antemano. Esa prohibición tenia a maltraer a ambos que no atinaban a disfrutar plenamente de esos cinco días de campamento estival.

El penúltimo día, las muchachas decidieron ir a Piriapolis a pasear. Ese día, Macuca reventaba de calor y se lanzó hasta el único almacén que había en la vuelta a comprarse un helado. El Monona no dudo en acompañarlo en esa caminata de cuarenta y cinco minutos. Llegaron con la lengua para afuera, el sol les daba de canto; las chicharras se desgañitaban desde los pinos acusando el calor imperante.

Para sorpresa y decepción de ambos, la heladera del almacén estaba rota, así que no había helados, refrescos fríos, ni hielo; todo estaba a temperatura ambiente. El Monona resolvió que lo más rescatable de lo poco que había a la venta- era un vino suelto blanco. Se sentaron a la sombra a tomar. La temperatura reinante y la dulzura de aquel “néctar” contribuyeron a que ese brebaje no durara más de un rato. Volvieron a entrar al almacén a comprar otro litro de vino blanco. Solo del tinto quedaba en la damajuana- anunció el somnoliento dueño con afable hostilidad. Embudo mediante, la botella de plástico quedo pintada de un violeta incierto.

Ya con el garguero caliente, el tinto lija -que no era dulce como su antecesor- fue paladeado sorbo tras sorbo. El Monona, un par de años más grande que el Macuca, sabía de sobra lo que era el alcohol y sus consecuencias. El Macuca estaba tan verde en asuntos etílicos como el color de las hojas de los árboles que intentaban protegerlos del sol abrasador en su retorno al campamento.

El Macuca disfrutaba de una liviandad inédita, sentía una alegría ajena y anestesiadora. El Monona caminaba a su lado, muerto de risa y guiaba a su amigo para que no terminara de cara contra el piso. La vuelta fue mucho más larga y lenta que la ida. Ni bien llegaron – notaron que las jóvenes ya habían regresado del paseo. En eso, un inesperado fuego volcánico trepo desde el estómago del Macuca pasando expreso por su tráquea e hizo erupción a la vista de absolutamente todos los acampantes. La virulencia de aquel estallido, impacto a su novia como nunca antes: ella jamás lo había visto así. Ayudaron al Macuca a acostarse boca arriba sobre el suelo con un tronco debajo de su nuca. Desde esa posición dormitaba y cada pocos minutos desafiaba de manera imprevista a la ley de la gravedad: era una fuente que lanzaba chorros de líquido rojizo hacia el cielo, increpándole clemencia al etanol todopoderoso para que aquel martirio terminara.

Entre vómito y vómito- ensayaba mentalmente diferentes tipos de disculpas para con su novia. Al anochecer, ella, incrédula, fue a increparle de que cómo había terminado de aquella manera, que no podía dejarlo un minuto solo, que la vergüenza que le estaba haciendo pasar, que por que le hacía esto a ella que lo quería tanto. El la escuchaba mientras soportaba la impotencia de no poder controlar que todo a su alrededor girara sin parar. Ella sentada a su costado esperaba una respuesta, un algo. El Macuca, desde lo más hondo de su padecimiento, le contesto con voz distante- como si lo hubiese dicho otra persona: es todo por tu culpa.



Monday, March 16, 2020

J'eus été a rockstar


He tenido la suerte, motivación y perseverancia de integrar varias bandas durante gran parte de mi vida. Algunas de ellas – a mi modo de ver y escuchar – eran más que aceptables. Casi siempre he sido uno de los miembros fundadores y no creo que fuese una casualidad aislada: probablemente se debe a mi cuasi incapacidad de adaptación a un proyecto que no lo haya parido.

El grupo con el cual tuve más recorrido- duro casi nueve años: editamos dos discos, tocamos en vivo infinidad de veces, ensayábamos religiosamente y hasta incluso nos dimos el “lujo” de hacer una mini gira.

Con el paso del tiempo, los ensayos tomaron un carácter ritual y terapéutico: se convirtieron en un pasadizo que me permitía entrar en contacto intermitente con lo inmaterial, lo incuantificable, eso que no se puede tomar con las manos ni determinar su aroma. Las cuestiones circunstanciales y miserias humanas se esfumaban mientras ensayábamos: los domingos a las cuatro de la tarde era la cita ansiada con la frontera dimensional donde tiempo y espacio se fundían para que lo realmente importante le quitara protagonismo a las urgencias. 

Ensayar, tocar en vivo y grabar cuando teníamos el dinero suficiente –eran los puntales del enlace pentatónico que unía a los integrantes de la banda.

Mi bajada de ficha ocurrió en aquella “gloriosa” mini gira que nos llevó -junto a una banda amiga - a cinco parajes diferentes. Me costó -más de lo anticipado- alejarme de los míos durante algunos días, que no fueron muchos, pero los percibí como tal. En ese periplo, me di cuenta que las vidas de los integrantes de aquel clan sonoro eran muy diferentes fuera del matrimonio musical. Nuestra afinidad estaba basada -casi exclusivamente- en nuestro proyecto en común.

En la ruta -camino a nuestra próxima presentación de aquella mini gira- sentimos unos bocinazos persistentes: venían desde la camioneta de nuestra banda amiga que nos pasaba por la izquierda. A través de sus ventanas delantera y trasera - que estaban abiertas y apuntaban hacia nuestro vehículo – asomaban un par de culos desnudos acompañados de sonoras carcajadas. Ni bien nos pasaron, policía caminera los paro e invitaron a estacionarse a un costado de la carretera.

Esa noche, llegaron al boliche bastante más tarde que nosotros y nos contaron que los multaron. Lo que nunca llegue a saber es si la multa fue por exceso de velocidad o por tener culos demasiado peludos.




Wednesday, January 29, 2020

No quiero

No quiero volver a escribir; temo que el hereje que vive dentro mío -ese que no cree en religiones ni en políticos- me venga a complicar la existencia con sus pensamientos y deducciones salidas de un sentido común tan subjetivo y caprichoso como lo es mi propia percepción del mundo. Pensar que venía tan tranquilo en estos últimos meses…. ¿qué necesidad de complicarme la vida habita en mi para salir al rodeo y exponerme de esta manera tan absurda y sin sentido práctico alguno? Es probable que existan varias razones. También es posible que no haya razón alguna y que este impulso sea una de las tantas sinrazones que conviven en mí. Indudablemente, siguen vigentes en mí una serie de efectos dominó de un pasado que no me suelta. Ojalá pudiera escribir en prosa o novelar una historia llena de imágenes que generen un estallido de orgasmos mentales en la cabeza del lector.


Veo cosas que rompen mis ojos, sin embargo me obligo a mirar hacia otro lado, a barrer la mugre debajo de la alfombra y hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada. Sin quererlo, me convierto en cómplice de algo que no me gusta ni estoy de acuerdo. Me había ilusionado con que era posible cambiar. Hasta ahora sigo enredado en las mismas inmundicias del diario vivir. Maldita sea mi condición humana. Soy una reverenda mierda.


Los ilustres del comportamiento viven en un mundo de víctimas y victimarios e intentan etiquetarme: me tildan de negativo mientras patinan sobre la pista de hadas de sus imaginaciones. Otros me llaman egoísta. ¿Será que ven en mi, descontento e ingratitud? Hay quienes confunden términos y conceptos: egoísmo con saber decir que no, amarretismo con sobriedad, negativismo con ser incisivo. Mi tátara abuela decía que hay mucha gente que es mala y habla. Otros escriben, dibujan, cocinan y componen utopías fermentadas en infantilidades inverosímiles. Aquellos intolerantes de las convicciones y realidades ajenas, me notan tan desentonado y desorientado que intuyen que ni siquiera me doy cuenta en donde estoy parado. Y acá estoy, paralizado como una estatua vetusta, oxidada, bañada en mierda de pájaros - escribiendo para un ego maltrecho en un mar de verdades vagas y difusas, verdades a medias, mentirosas, verdades solapadas, encubiertas, verdades prohibidas, censuradas, escondidas e inconvenientes- y vientos cíclicos que se repiten indefinidamente.





Tuesday, October 8, 2019

La estaca


Desperté después de cuarenta y cuatro años con una estaca clavada en el medio del pecho. Recién ahora comienzo a sentir un dolor que había estado bloqueado hasta hoy en mí. Bien…y ahora que soy consciente de su presencia: ¿qué hago? ¿Debería intentar convivir con ella o tendría que desclavármela de una buena vez y para siempre? Si me decido a convivir con ella, el primer paso a dar es aceptarla como es. De lo contrario, tendría que desclavarla de manera tal- que no quede astilla alguna dentro mío. Más de un@ se hace la astilla observando historias ajenas, que no le pertenecen ni incumben. Lo mejor será que duerma una buena siesta antes de tomar una decisión de esta naturaleza.

Sé que los extremos no son los mejores consejeros. Debería matizar la situación; compartir vida, alegrías y de las otras (las que no avisan que ya están). No quisiera perderme lo que sucede en el mundo con sus maravillosos ciclos concéntricos de rotación y traslación sobre un eje que solo unos pocos pueden ver. Una imagen o tan solo la búsqueda de lo que no es aparente, esas cosas que solo aparecen cuando limpiamos a fondo con la ropa de fajina puesta. Intento – cual si fuera arte de magia- mirar las cosas de siempre desde otro foco, evitar mi mirada escéptica que fija toda su atención en algo particular y minimiza todo su entorno.

Sigo sin saber cuál es la opción correcta. Nada me es fácil. La paranoia me estorba y me corrompe desde el pozo profundo e infinito del miedo y la irracionalidad. Deseo encontrar palabras, conceptos e ideas que me alivien a sobrellevar mi tormento. Quiero ser breve pero no puedo. Me explayo en un sinfín de detalles que solo tienen significado real y cabal para mí. Ustedes intentan comprenderme –pese a que lo que están leyendo es un extracto de mi pensamiento -que al ser texto-  está fuera del contexto en que se originó.

Me siento invisible a los ojos del resto. Paso inadvertido, desvalorizado de una habilidad que no he llegado a dominar ni a tener. Irremediablemente, la indiferencia se vuelve hacia mí -una vez más- para clavarme su estaca llena de vacío y decepción. Una estaca que nunca había terminado de desclavarse del todo.



Friday, September 27, 2019

El eterno

Después de tantas especulaciones, teorías y creencias nacidas desde la ignorancia más absoluta – me vengo a enterar que soy eterno. La mayoría de mis desvelos y preocupaciones desaparecieron como tormenta de verano. Mis prioridades dan un giro drástico: resulta que ahora la salud es pasajera. Es menester contar con recursos materiales que me permitan vivir para siempre sin apremios económicos.

Tendré que adaptarme a un mundo sin mis contemporáneos. Viviré en tierra de extraños, un universo cibernético que probablemente sobrepasara mi capacidad de asombro. Me espera una soledad inédita: será muy triste ver a mi descendencia inmediata perecer -pero por otro lado podré conocer a los tátara nietos de mis bisnietos.

Los futuros libros de historia serán una forma de corroborar mi propio pasado.  Seré testigo de cómo se repiten los ciclos económicos de forma tan irremediable como el ser humano tropieza una y otra vez con la misma piedra. Esta es la suerte y desgracia simultanea de los distintos, elegidos, mesías de la humanidad, delirantes de los tiempos modernos con conexión a wifi.

Mientras estoy tratando de adaptarme a esta nueva, inesperada e impensada perspectiva, la puerta se abre y entra un enfermero con mi dosis matinal. Decir mi verdad tiene su precio; la mentira, la diplomacia, el silencio, las verdades a medias y la hipocresía gozan de mejor vida. El efecto del antídoto es inmediato: mis pensamientos varían y mi percepción cambia de consistencia. Retorna a mi paladar el sabor metálico de la desconfianza. Siento una antigua tensión en todo mi cuerpo. Me vuelvo consciente de cuan efímero es todo en relación a las personas. La duda lo abarca todo, habita cada rincón de mi ser. Vuelvo a ser uno más del montón. Hago chistes para edulcorar las miserias y limitaciones humanas que invaden mi bienestar. En cuestión de segundos, mi felicidad eterna desaparecerá por completo. 





Tuesday, July 16, 2019

A contramano


Los conductores y transeúntes me insultan y gesticulan raudamente a diestra y siniestra. Voy a contramano y recién me doy cuenta. No alcanzo a ver las señales y luces de tránsito – si es que las hay. Los automóviles se me vienen arriba, me enciman. Parece no haber escapatoria. Intento moverme. Remo contra la corriente buscando sobrevivir a como dé lugar. No interesa como, lo importante es estar a salvo.

Una salva de cardúmenes me lleva con ellos en dirección opuesta. El cansancio junto al oleaje me gana la partida y paso a ser parte de la bandada. La gaviota me mira indignada desde el precipicio. A pesar de su condición voladora- sufre de vértigo. Su coraje la ha ayudado a combatir sus miedos.

Súbitamente todo se detiene. La espera para que todo vuelva a fluir y desarrollarse con normalidad- se hace eterna. La extensa demora desmorona el temple y diluye la fuerza de voluntad.

Las luces se apagan, los colores desaparecen. Todo es penumbra ahora; apenas alcanzo a distinguir diferentes tonalidades de gris hasta llegar a la oscuridad más profunda e impenetrable. Tomo mi cámara e intento captar lo poco que veo pero es inútil: las fotografías muestran imágenes sacadas fuera de contexto.

De golpe, puedo verlo todo como si estuviese fuera de mí mismo, como si se tratara de otra persona. Cual si fuera un viaje lisérgico, me veo a mí mismo desde las alturas, desde una perspectiva inesperada. Mis vivencias –las cuales ocurren en mi interior- son tan reales como las experiencias externas. Me cuesta diferenciar mi percepción de la realidad del universo. Veo, huelo, escucho, toco, y saboreo; hace un tiempo que me es imposible precisar- deje de creer.


                                              Foto gentileza de Andrés Aksler


Wednesday, July 10, 2019

Paul McCartney




Me encontré con Paul McCartney. Como se imaginarán, fue de lo más inesperado. Estábamos en un lugar que me resultaba sumamente familiar, muy pero muy cerca de donde vivo.

Entablamos una conversación más que cordial a los pocos instantes de habernos conocido. Le manifesté -como era de esperar- mi admiración hacia su música. Claro, no le dije que en realidad me gusta e identifico mucho más con la música de Lennon que la de él.

A cierta altura de la breve pero intensa conversación que mantuvimos, hubiese querido contarle que de niño, yo pensaba que había sido adoptado y que mi verdadero padre era John Travolta. Pude recapacitar a tiempo y dejé que ese pensamiento de mi etapa infantil - fuera atrapado por ese filtro mental que no siempre me funciona o no me funciona del todo bien.

Le que sí le dije es que tengo cantidad de sus discos en mi casa y que me gustaría que me los autografiara. Le expliqué que vivía muy pero muy cerca. El asintió y dijo que me esperaría.

En el corto camino hacia mi casa- me enredé con pormenores, situaciones molestas e insignificancias varias que me fueron embarullando y alejando de lo verdaderamente importante, de mi plan, de mi cometido.

Pasó un tiempo que me es imposible de cuantificar hasta que volví al lugar del encuentro. Como era de esperar, Sir Paul McCartney se había marchado.

Sin rumbo, sin ansiedad ni pensamientos específicos- comencé a caminar hacia la densa oscuridad que me esperaba impertérrita.


Thursday, July 4, 2019

Herrumbre


Las hastiadas agujas del reloj no atrasan ni adelantan: marcan siempre la misma hora de un día perdido. Con la llegada del invierno- comenzó para él una época de desolación, tanto corporal como mental. Se volvió un ser de poco hablar, evitando – dentro de lo posible – todo contacto humano. Había tocado fondo una vez más y sabía que cosas no tenía que hacer para iniciar su reconstrucción desde los mismos cimientos.

Retornó a su primer amor: la música en formato vinilo. Su meta no planificada fue coleccionar aquella felicidad pretérita a través de los objetos que formaban parte de ella. Así comienza ese querer conseguir y conservar celosamente todo aquel pedazo del puzle que forma parte de su paraíso idealizado de la niñez. Cada día que pasaba era un intento de construir el puente que lo llevará a ese lugar tan codiciado por su memoria olvidadiza y fragmentaria.

La letra del tango que sonaba en la radio lo trajo -sin escalas- a su presente insulso. Su ropa hedía a guiso podrido mezclada con tufo de vestuario masculino de futbol. A pesar de sus intentos por evitar su desconsuelo, estaba dentro de una gran olla haciéndose a fuego lento, condimentado en sus tormentos. Nunca se lamentó por el tipo de vida que ha elegido- pese a no haberse tomado el tiempo suficiente para reflexionar sobre su elección. 

Escribe lo que puede y no lo hace con la finalidad de aportarle algo a alguien; no desea dar enseñanzas de vida ni nada que se le parezca. Escribe para canalizar su intensidad y sentirse mejor con él mismo. Disfruta de su triste felicidad sin ser del todo consciente de su objetivo, aspiración y plan vital.

Por fuera parecería ser sólido, casi que indestructible, transmite seguridad y convicción. Sin embargo, la herrumbre -que nunca descansa y todo lo corroe- convertirá sus modestas ambiciones en sueños oxidados. Su sistema nervioso es un disco rayado que repite -incansable e ininterrumpidamente- el mismo surco dañado hasta el mismísimo infinito.






Thursday, June 27, 2019

Imprevistos



Se despertó como si fuera cualquier otra mañana. Con esmero- afeitó su rostro alrededor de su fino bigote. Desayunó lo mismo de siempre: café con leche, pan con manteca y un vaso con agua fría.

Es un loco sin suerte. Siente que la vida le pasa por el costado sin poder nunca atraparla. La sensación de imperfección e insatisfacción con él mismo ha sido una constante en su vida. Los “fuese” y “hubiese” han invadido y dominado su actividad mental en los últimos años. Con el transcurrir del tiempo, sus certezas y convicciones se han radicalizado. Más de una vez se sorprendió a si mismo hablando sólo por la calle. Vivir con miedo a todo –a los imprevistos, a lo incontrolable y a él mismo- lo ha privado de llevar una vida más "normal" y ha saboteado su bienestar mental.

Se puso a trabajar en el automóvil que lo llevaría –junto a su familia- a descansar unos días a la costa Atlántica. Levantó el coche con un gato hidráulico y se deslizó debajo de él para reparar el motor. Una de las tuercas estaba más apretada de lo que debería y la palanca que tuvo que hacer para destrabarla, desestabilizó al gato hidráulico que había mantenido a el vehículo -hasta ese trágico momento- a medio metro del piso. El coche lo aplastó como a un insecto indefenso.

Su esposa escuchó el estruendo y corrió hacia el garaje. La sangre se le congeló apenas vio lo sucedido. Como pudo, sacó el cuerpo inerte de debajo del automóvil. Los ojos -aun abiertos de él- estaban desorbitados y daban la sensación de haberlo visto todo. Llamó a una ambulancia y mientras esperaba que le contestaran del otro lado de la línea, fijó su mirada en el vaso medio vacío de agua -que su ahora ex marido había dejado- sobre la mesada de la cocina. Ese día, algo intangible dentro suyo había muerto junto a él.

Todo le afecta profundamente a ella, es demasiado sensible para esta realidad que la raspa como papel de lija en la entrepierna. Su lado irracional siente culpa por lo ocurrido a su difunto marido. Lleva una vida sin propósito cierto y específico -aunque existen determinadas actividades que todavía la provocan y la mantienen viva. Su presente la frustra porque no lo termina de aceptar. Para evadirlo, garabatea en una hoja -palabras torpes y pensamientos desordenados, consciente del total desinterés que generan sus textos mal escritos en l@s potenciales leyentes.



Wednesday, May 29, 2019

Droga



Don Frustrado no acaba cuando recién despierta en la mañana. No puede porque la frustración se va acumulando en el correr del día. Al llegar la noche -tiene una buena reserva de frustración acumulada con la cual potencialmente fecundar una nueva vida que será tan frustrante e infértil como la de su procreador.

La vida en si es como cualquier otra droga. Tanto da la legalidad de la droga como la de esa vida que quizás sea la de un hijo natural no reconocido o la del pequeño principito- próximo heredero de una vida de opulencia y excesos.

Cuando uno consume una droga por primera vez, sus efectos son palpables, afecta el organismo y hasta la percepción. Después de un tiempo, el cuerpo se acostumbra al efecto de la no tan nueva droga y cada vez se necesita una dosis mayor para obtener los resultados iniciales.

La vida actúa como cualquier droga: nacemos con toda la energía, los instintos limpios, atentos y prontos para absorberlo todo. Con los años, esa energía se va apagando, el cuerpo ya no responde de la misma manera y el deterioro de huesos, articulaciones y toda la maquinaria corporal – es inevitable.

Envejecemos, algunos enferman y todas nuestras facultades se deterioran al compás de las agujas del reloj. Añoramos aquella juventud lejana que vive en nuestros recuerdos fragmentados, mentirosos y en aquellas fotos amarillentas con olor a humedad encontradas de casualidad en el altillo mientras buscábamos un cable a tierra. Los personajes que aparecen retratados son prácticamente desconocidos para la mayoría de sus descendientes: son fantasmas resucitados pertenecientes a una realidad extinta y fuera de circulación.

Hay quienes toleran el deterioro corporal y mental -e incluso lo llevan con altura. Otros, sin embargo, prefieren la sobredosis letal que les conceda un definitivo alivio y final a sus agonías.




Friday, May 10, 2019

Males innecesarios


Se despierta sudando y con un nudo en la boca del estómago, casi que asustado de todo lo que escapa a su voluntad. Se levanta más cansado y abatido que al acostarse la noche anterior. El peor mes de lo que va de su vida acaba de culminar. Espera que la realidad no vuelva a demostrarle lo ingenuo que es.

Se hace la cabeza para evitar males innecesarios. No es una actividad consciente, es una conducta aprendida que intenta evitar futuros inconvenientes. Sin embargo, esta táctica no le funciona: terminan ocurriendo otros males que ni siquiera se le hubiesen ocurrido en su peor arranque de paranoia. ¿Existen males necesarios -de esos que duelen en su momento pero que nos dejan una enseñanza y lo ayudan a uno a crecer?

Recrear mentalmente -una y otra vez- posibles situaciones límites es tan inútil como pensar que uno es quien no es. La realidad es más imprevista que nuestra peor pesadilla. Ella nos tiene preparado una munición de sorpresas y hechos que son inesperados para una mente ingenua como la nuestra.

Calcula que –como en todo en la vida– existen males chicos, medianos, grandes, inmensos, profundos, pasajeros, de los que dejan secuelas, de los que suceden casi sin darnos cuenta. Males ajenos y propios.

Sería más eficiente de su parte- utilizar esa energía con la que se hace la cabeza para actividades más eficientes como – por ejemplo- mitigar los males que si terminan ocurriendo. En otras palabras: ocuparse en vez de preocuparse. No es posible tener todo bajo control; eso es cuestión de dioses todopoderosos y de superhéroes de historieta.

Él necesita saber cuál es la lección que debe aprender ante la eventualidad, intenta buscar algo positivo en todo esto. Quizás con otra perspectiva -que solo el paso del tiempo se lo puede dar – descubra lo que hoy no puede. Intuye que la relatividad de todo lo que forma parte de este mundo- cosas, ideas, conceptos y hasta sentimientos- juega un papel principal y preponderante en su entendimiento.

El tenue sol de invierno se acerca al horizonte y se esconde detrás de unos nubarrones amenazantes- dejando espacio para que la oscuridad penetre en el ambiente. La ausencia casi absoluta de luz empareja las disparidades y las minimiza al punto tal de no poder reconocer lo cierto de lo incierto, lo utilizable de lo que es desperdicio, lo importante de lo urgente, lo conveniente de lo que no es. En ese instante él levanta su vista y contempla una pompa fúnebre circulando a paso de hombre frente a la puerta de su casa. La persona que va en la parte trasera del vehículo que lidera la caravana – ya no tiene más problemas ni preocupaciones.



Tuesday, April 16, 2019

Síndrome


No sabe, no aprendió a llorar. Desconoce la sensación de desahogo, largar ese nudo duro, denso que tensa la mandíbula y hace que uno respire de forma superficial: inspiraciones cortas que apenas permiten que el aire llegue a la parte alta de los pulmones y el cerebro quede confundido, diezmado en su capacidad y funcionamiento por la falta de oxígeno.

Ese no poder dejar que las aguas derriben las compuertas, que el viento levante polvareda y que la lluvia con sus gotas lagrimosas riegue la sequía del alma– le genera una tristeza constante, eterna e ininterrumpida. Convive con esa tristeza cual si fuera su propia sombra. La sigue en todo momento y lugar sin importar circunstancias. Es un síndrome con el cual se ha acostumbrado a convivir. Aprendió -como pudo- a sobrevivir los desafíos irreversibles que han ocurrido en el correr de su existencia. Cada persona coexiste con los suyos, únicos como lo somos cada uno y una de nosotros.

Aquel día, una parte de ella había muerto. Su vida obstinada continua y la última oportunidad esta por partir. Ella corre desesperadamente los trescientos metros que la separan de ese tren. Los vagones se disponen a seguir su rumbo y ella no sabe si llegara a alcanzarlos. El cielo y el suelo no se diferencian – una neblina densa borronea el horizonte. Comienzan a escucharse los chirridos de las ruedas de acero sobre las vías. La oscuridad y la bruma no permiten ver más nada. Extenuada, alcanza el vagón trasero de la esperanza. Una vez en él, se da cuenta que no existía nada, había sido todo un espejismo- producto de su desesperación. Sin embargo, su ilusión no murió porque nunca había siquiera nacido.

El desencanto se apodero de su vida como tumor maligno. La monotonía la mantenía hipnotizada en un letargo indefinido. La resignación se adueñó de su voluntad. El tiempo –imperceptible- la fue aniquilando de a poco hasta que llegó el momento culmine, el instante en que no pudo soportar un segundo más su absoluta mediocridad y grito a los cuatro vientos: “la puta que me pario”.



Thursday, March 28, 2019

¿Por qué cómo qué?


No recordaba la última vez que se había sentido a sus anchas. Se hallaba perdido, ajeno a sí mismo. Ya no sabía más -con certeza- quien era él. Sus músculos estaban entumecidos, casi atrofiados por la falta de actividad. Intuía que algo dentro suyo se estaba pudriendo. Carecía de propósito, metas y ambición alguna. Una repugnante resignación lo abrumaba. Su presente era un desconsuelo agobiante.

La confianza hacia otras personas se había evaporado hace un tiempo difícil de cuantificar. Sin embargo, seguía admirando a ciertos individuos. Uno de estos individuos - lo inicio en un mundo platónico, donde solo las intenciones cuentan. Desde esta nueva perspectiva, comenzó a experimentar algunos cambios, percibía que su alma paulatinamente le volvía al cuerpo.

Lo primero que noto fue la ausencia del ¿qué?. Todos los planteamientos existenciales en torno al ¿qué? de las cosas, personas y el universo todo – se esfumaron, desaparecieron para siempre.

Lo segundo que advirtió -pasado un periodo no muy largo- fue la ausencia del ¿cómo?, sin siquiera darse cuenta de qué y cómo fue el proceso que lo llevo a esta instancia perceptiva. Comenzó a disfrutar de la liviandad de ir por la vida sin los ¿qué? ni los ¿cómo?.

Lo último que recordó perder fue el ¿por qué? de las cuestiones que nos rodean a diario. A partir de esa época, pasaba días enteros levitando. 

Cada vez entendía menos a la sociedad a la cual supo pertenecer. No lograba comprender asuntos políticos, cotidianos ni de ninguna índole pragmática. Su vida anterior quedo definitivamente enterrada en un lugar desconocido. Su mundo se restringió a sí mismo. Había logrado un equilibrio mental y emocional impensado unos meses atrás.

Corto tiempo después de haber alcanzado tal poder de abstracción, su cuerpo se mimetizo con la transformación iniciada por su mente. Sus libros leídos infinidad de veces, sus vinilos escuchados hasta la saciedad y la culpa - solapada, disfrazada con sus ropas más disimiles, irreconocibles y extravagantes- lo acompañaron en su viaje postrero hacia el cedro y el bronce.



Tuesday, March 12, 2019

Oxígeno


Un último coletazo dio el pez tratando de escaparle al oxígeno que termino envenenándolo.

Murió- al fin- para volver a ser parte de la nada. Ahora es libre y huye del cuerpo en el cual estuvo enjaulado toda su vida.

Otros peces siguen nadando en el ancho mar, presos de sus errores y aciertos; de sus convicciones y sus dudas; de sus miedos, decisiones, pasiones, tristezas y cantidad de otros sustantivos abstractos imaginables y acordes a la carga vital.

Los delfines, los mamíferos más inteligentes según expertos en el tema, viven cautivos de sus pensamientos. Si entendieran la lengua castellana y supiesen leer – les escribiría cuentos inverosímiles que los ayudasen a evadirse de su entorno y realidad acuática.

En cambio, con los monos y chimpancés - seres dicharacheros como pocos- me sentaría a comer una picada, a tomar unos tragos que raspen el garguero y les hablaría de las cosas que más me apasionan – que no son otras que las incoherencias, contradicciones, absurdos, y locuras que forman parte de la condición humana.

El oxígeno se me está terminando: debo volver a la superficie, a mi equilibrado y sensato yo - que terminara envenenándome.